El patrono de Monterotondo es san Miguel Arcángel, festejado el 29 de septiembre.
El feudo perteneció desde el siglo XII a la familia Orsini, que mantuvo el poder hasta el siglo XVII y cuyo momento de mayor gloria fue la boda, en 1468, de Clarice Orsini con Lorenzo el Magnífico. En 1626, por dificultades financieras, los Orsini cedieron el feudo a los Barberini, que obtuvieron su elevación a ducado en 1627 y restauraron el palacio con nuevos frescos y estucos. En 1621 el Consejo de los Cuarenta había aprobado la construcción de una nueva iglesia parroquial, cuyas obras comenzaron tras la plantación simbólica de una cruz en 1629: así se edificó en 1639 la catedral, que se convirtió en sede del obispo de Sabina, y que en 1641 recibió la visita del papa Urbano VIII, quien donó a la iglesia valiosos ornamentos sagrados y una gran campana de once quintales. En 1845, gracias a la intervención del cardenal Luigi Lambruschini, la catedral recibió la visita del papa Gregorio XVI, que la elevó al rango de basílica menor.