En el verano de 1707 Georg Friedrich Händel estaba en Vignanello, huésped de Francesco Maria Ruspoli, y tomó la costumbre de venir a tocar el órgano no solo en la iglesia mayor del pueblo que lo alojaba, sino también en la iglesia del Ruscello, aquí en Vallerano. El dieciocho de junio de aquel año, ante los Farnesio, señores de Vallerano, y los Ruspoli, presentó en aquella iglesia su Salve Regina, con Margherita Durastante como soprano y él mismo al órgano. El instrumento sigue allí: un órgano monumental de 1644. La iglesia que lo contiene fue edificada entre 1605 y 1609 según un diseño de Vignola, y conserva una Asunción de Giovanni Lanfranco y un Éxtasis de san Carlos Borromeo de Antonio Circignani; desde 1993 está dedicada a los donantes de sangre.
La iglesia de San Vittore, el patrón, está en el punto más alto del pueblo. Fue construida en el siglo trece, alargada en el siguiente, y luego cerrada al culto en el dieciséis porque el edificio estaba en malas condiciones; poco antes de que la cerraran, alguien cuyo nombre no se conoce pintó los frescos del presbiterio. Reabrió a mediados del siglo dieciocho, y fue entonces cuando se hicieron el coro y el techo artesonado, ciento dieciséis casetones fechados en 1762. El bautisterio es más antiguo que todo lo demás: es de 1450. El estatuto del pueblo fue firmado por el duque Orazio Farnesio en 1534 y aprobado dos años después por una bula de Paulo tercero emitida en Viterbo, y el lirio de oro de los Farnesio sigue en el escudo municipal. Fuera del caserío, dentro de una pared de toba, se excavaron para los benedictinos tres pisos de grutas: es la ermita de San Leonardo, donde a la iglesia se entraba tanto por la puerta como por una escalera que bajaba del último piso de las grutas. Más antiguas que todo son las tumbas rupestres etruscas y faliscas de este territorio, que las generaciones siguientes han usado como viviendas, pajares y establos.