En las celdas del primer y del tercer piso los techos siguen siendo los de los frailes: bóvedas de cañón en unas salas, bóvedas vaídas en otras, conservadas de forma asombrosa. El antiguo convento de los agustinos de Masone está en piazza Castello, adosado a la vieja iglesia parroquial de Nostra Signora Assunta, y ha sobrevivido porque siguió sirviendo para algo: en parte de sus locales se encuentra hoy el museo municipal del hierro “Andrea Tubino”.
Qué ver
El convento se levantó a lo largo del siglo XVI junto a la antigua parroquial, en el casco histórico, y ha mantenido su estructura original. Las celdas de los monjes son lo que más dice: estancias estrechas y repetidas, marcadas por las cubiertas abovedadas, intactas en el primer y en el tercer piso. Se conservan también la capilla privada y los locales de la panificación, con los hornos de época todavía en su sitio — y un convento, antes de rezar, tenía que comer.
En las salas obtenidas del antiguo complejo conventual se visita el museo municipal del hierro “Andrea Tubino”, dedicado al metal y a su elaboración. La convivencia solo es rara en apariencia: el edificio religioso del siglo XVI y el oficio que sostuvo al pueblo están bajo el mismo techo, y la visita acaba siendo doble.
La visita
La entrada está en piazza Castello, en el casco antiguo de Masone, junto a la antigua parroquial: iglesia y convento son contiguos y se hacen en el mismo paseo. Los espacios conventuales se ven como salas de museo, así que los horarios son los del museo: conviene comprobarlos por adelantado con el Ayuntamiento de Masone, sobre todo fuera de temporada. Son volúmenes pequeños y cubiertos, buenos también para un día de lluvia.
El consejo de la redacción
Recomendamos subir enseguida a las plantas altas y mirar las celdas antes que nada: son la parte mejor conservada y cambian la lectura de todo el edificio. Y no descuidar los locales de la panificación — esos hornos cuentan la jornada de un convento mejor que cualquier panel.
