El Museo del transporte ferroviario a través de los Alpes, dedicado a Aldo Miletto y conocido como Feralp, está en Bussoleno dentro del antiguo depósito de locomotoras. Nació como proyecto hacia mediados de 1998, de un protocolo entre quince entes públicos y organismos que se comprometieron a constituirlo, con el fin de documentar todos los pasos del arco alpino, y en particular los ferroviarios. La elección de la sede no fue casual: entre el valle de Susa, los pasos y el tren el vínculo es tan viejo como la línea.
Qué ver
El museo se visita en la nave construida después de 1916, cuando llegó la tracción de corriente alterna: es la parte del depósito que quedó en pie. Fuera y dentro se ven locomotoras y material rodante, cuidados por la misma asociación que gestiona el museo, el Feralp Team, que se ocupa del montaje, de la acogida y del pequeño mantenimiento de los vehículos, además de colaborar en los trenes históricos.
La visita
La historia del sitio empieza en 1867, cuando se construyó el primer taller para mantener en orden las pesadas locomotoras de vapor que desde 1907 arrastraban los trenes de mercancías hacia Francia y que se desgastaban deprisa. Luego llegaron las trifásicas, como las E.550, aptas para las líneas de montaña, y en 1961 la corriente continua las jubiló: la vieja nave no podía acoger las máquinas nuevas, porque el carro transbordador no lograba moverlas, y pasó a ser almacén.
El consejo de la redacción
Este museo cuenta también su propio final. Cuando nació la estación de Orbassano, con un taller moderno, ya no hacía falta un mantenimiento pegado al tramo más empinado de la Turín-Modane, y para Bussoleno empezó el declive: las locomotoras asignadas disminuían año tras año. El personal intentó mantener vivo el taller aceptando trabajos menos gratificantes, el mantenimiento de vagones de mercancías y la fabricación de cojinetes de metal blanco para los talleres de Turín. No bastó: en 1993 el taller cerró. El museo está exactamente ahí dentro, y esa es la razón para visitarlo con calma.
