🏰 Castillos y palacios

Forte della Brunetta

📍 Susa, Piamonte · 47/100

El fuerte de la Brunetta se alzaba en la altura del mismo nombre, un espolón rocoso desnudado por la erosión glaciar que domina Susa por el norte, entre el Dora Riparia y el Cenischia. Las obras empezaron en 1708, cuando el ducado de Saboya decidió reforzar las fortificaciones de frontera después de que la guerra de sucesión española hubiera mostrado su utilidad, y el fuerte se entregó unos treinta años después de la primera piedra. El proyecto era del ingeniero saboyano Antonio Bertola.

Qué ver

No era un fuerte sino una ciudadela militar: se extendía sobre más de trescientos mil metros cuadrados y albergaba una iglesia, los cuarteles y un hospital. Los cinco baluartes se llamaban San Pietro, San Lazzaro, San Maurizio, Sant'Antonio y Santa Maria, y estaban tallados directamente en la roca viva: por eso se consideraban capaces de aguantar la artillería de la época y la estructura pasaba por inexpugnable. La obra englobó también el viejo fuerte de Santa Maria, ya en ruinas tras muchas guerras, y el reducto Catinat, que vigilaba desde lo alto la salida del Val Cenischia y por tanto el camino del Moncenisio.

La visita

La posición lo explica todo: Susa está en el cruce de las vías hacia dos pasos decisivos, el Moncenisio hacia Saboya y el norte de Francia, el Montginebro hacia el Delfinado y el sur de Francia. Quien tenía la Brunetta tenía la entrada a Italia por ese lado. Recibió también visitantes de categoría: el emperador José II en 1769, y el zar Pablo I, que se alojó allí en 1791; ambos quedaron sinceramente maravillados.

El consejo de la redacción

La Brunetta nunca disparó un tiro, y quizá sea justamente la medida de su éxito: en 1747 los franceses, para no enfrentarse a ella, intentaron pasar por la divisoria de aguas del collado de la Assietta, donde se libró la batalla homónima, y en las campañas napoleónicas eligieron el Gran San Bernardo. En 1796 Napoleón, vencido el Reino de Cerdeña, impuso con el armisticio de Cherasco la destrucción de todas las fortificaciones del reino, y la Brunetta fue desmantelada. Con la Restauración se rehicieron los fuertes destruidos, pero no este: Napoleón había hecho transitable la carretera del Moncenisio por un trazado que pasaba sobre la ciudadela, y una barrera debía ponerse ya más arriba. En su lugar nacieron los fuertes del Esseillon.

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