Antes de la iglesia que se ve hoy, Gassino era sede de una pieve dedicada a san Pedro, de la que dependían varias iglesias de la orilla derecha del Po. La parroquial de los Santos Pedro y Pablo se reedificó desde los cimientos a principios del siglo XVII y se retocó luego en 1724 y en 1761.
Qué ver
La fachada es de ladrillo, escalonada y convexa, orientada al oeste; una cornisa la divide en dos registros marcados por pilastras. El inferior, más ancho, tiene el portal en el centro; el superior lleva una representación pintada de los dos patronos y lo corona un frontón curvilíneo. En el lado sur se alza el campanario, esbelto y de base cuadrada, con un vano de medio punto por cara en el cuerpo de campanas y tejado a cuatro aguas.
La visita
Dentro, tres naves separadas por pilares con pilastras que sostienen arcos de medio punto; encima corre una cornisa moldurada y saliente sobre la que apoyan las bóvedas vaídas. El presbiterio está elevado unos escalones, delimitado por balaustradas y cerrado por un amplio ábside cuadrangular. En los años ochenta del siglo pasado llegaron el ambón y el altar de cara a la asamblea, por la adecuación litúrgica.
El consejo de la redacción
Las dos cosas que hay que mirar están en el presbiterio: el retablo del siglo XVIII con la Virgen y el Niño entre los santos Pedro y Pablo, pintado por Claudio Francesco Beaumont, y el lienzo de la Visitación atribuido a Guglielmo Caccia. Dos firmas que no se esperan en una parroquial de pueblo.
