La pinacoteca de la Academia Albertina fue fundada en 1837 por Carlos Alberto con un fin práctico: dar a los alumnos de la escuela de arte modelos verdaderos que estudiar. No nació como museo para el público sino como instrumento didáctico, y ese origen se nota todavía en la manera en que las obras están reunidas y dispuestas.
Qué ver
La pieza mayor son sesenta cartones de Gaudenzio Ferrari y de su taller, donados por el rey. Los cartones eran dibujos a tamaño natural que servían para trasladar la composición al muro: herramientas de obra, que por lo general se gastaban y se tiraban. Tener sesenta de un pintor del siglo dieciséis es una suerte rarísima.
El resto viene sobre todo del legado de un arzobispo, con pinturas del siglo quince al dieciocho: Filippo Lippi, los piamonteses Defendente Ferrari y Spanzotti, caravaggescos, flamencos, genoveses y venecianos. Hay también un desnudo masculino salido del taller de Jacques-Louis David y la colección dejada por la viuda de un pintor de paisajes.
La visita
La pinacoteca está en via Accademia Albertina, a diez minutos de piazza Castello, dentro del edificio neoclásico de la academia; billete barato, día de cierre semanal y horarios reducidos. Una hora.
El consejo de la redacción
Vaya a los cartones y mire los agujeros a lo largo de las líneas: servían para espolvorear el carbón sobre el muro y transferir el dibujo. No son obras pensadas para colgarse, son herramientas de trabajo, y verlas conservadas como cuadros hace entender lo raro que es que el oficio de un pintor, y no solo su resultado, llegue hasta nosotros.
