La iglesia de Santa Maria del Carmelo, que las fuentes locales llaman también iglesia de la Madonna del Carmelo, se construyó en la primera mitad del siglo XVIII, en la etapa en que Nicolosi completaba su propia reconstrucción tras la erupción del Etna de 1669. Nació en las mismas décadas que las iglesias de Santa Maria delle Grazie y de San Giuseppe: tres obras que miden la rapidez con la que el pueblo había vuelto a crecer.
Nicolosi se asienta en las laderas meridionales del volcán, entre conos piroclásticos como los Monti Rossi y la colina de Mompileri, y desde siempre se la considera la puerta del Etna. La posición le ha dictado la historia: erupciones y terremotos la han amenazado varias veces y al menos una vez la borraron del todo.
Qué ver
La iglesia es una pieza de la Nicolosi del siglo XVIII, el pueblo renacido tras el permiso de reconstrucción concedido por el príncipe de Campofranco hacia 1670-1680; el siglo XIX le añadió la iglesia de San Francesco di Paola y la capilla de los santos Cosme y Damián. De la oleada de devoción que siguió a la erupción del 26 de abril de 1766, la que formó los Monti Calcarazzi y dañó gravemente los bosques, queda en la memoria del pueblo el recuerdo de los Tre altarelli, levantados una vez pasado el peligro: bajo los tres arcos estaban pintadas las imágenes de los protectores, la Madonna delle Grazie, san Antonio de Padua y san Antonio Abad.
La visita
El centro se recorre a pie, combinando la iglesia con las demás de la reconstrucción. El clima ayuda: el verano en Nicolosi es mucho más templado que en la costa jónica y el invierno trae de media un par de nevadas. Aquí tiene su sede también el Parque del Etna, punto de partida útil si sigues hacia el volcán.
El consejo de la redacción
Antes de venir lee «L'agonia di un villaggio», la novela corta que Giovanni Verga, testigo directo, ambientó en Nicolosi durante la erupción de 1886: la colada se detuvo entonces a un centenar de metros de las primeras casas y el 13 de junio, día de san Antonio de Padua, los habitantes ya desalojados pudieron regresar. Caminar entre las iglesias del pueblo con esa historia en la cabeza cambia el modo de mirarlas.
