En una capilla lateral de esta iglesia hay frescos de escuela giottesca, pintados en el siglo catorce por maestros llegados de Padua. Es el punto más al norte al que llegó la revolución de Giotto, traída por quienes la habían visto de cerca: a Bolzano, es decir a una ciudad de lengua alemana al pie de los Alpes, donde nadie los espera.
Qué ver
La capilla de San Juan conserva el mejor ciclo, con las historias de los santos pintadas en escenas ambientadas dentro de arquitecturas y con las figuras moviéndose en el espacio: es la lección de Padua aplicada aquí arriba. Otra capilla y el claustro guardan más frescos, de épocas distintas, que permiten seguir cómo cambiaba la pintura al pasar las montañas.
La iglesia es del siglo trece, gótica, y en tiempos de su construcción estaba fuera del poblado, entre los huertos que los frailes cultivaban entre los dos ríos. Hoy está en pleno centro, a pocos pasos de piazza Walther. En 1944 los bombardeos dañaron gravemente el conjunto, y lo que se ve es en parte resultado de las restauraciones.
La visita
La iglesia está en piazza Domenicani, a cinco minutos de la catedral y de la estación; entrada libre, con horarios ligados a los oficios, y la capilla pintada puede tener aperturas reducidas: conviene preguntar. Media hora.
El consejo de la redacción
Mire los frescos pensando en la geografía: entre Padua y Bolzano están las montañas, y en el siglo catorce eso significaba semanas de viaje. Que un taller de pintores se desplazara hasta aquí con aquella manera nueva de pintar dice lo rápido que circulaban las ideas, mucho más de lo que imaginamos.
