Es un museo construido en torno a un solo hombre: Ötzi, el hombre de hielo, encontrado en 1991 por dos excursionistas alemanes en el paso de Tisa, bajo el Similaun, a tres mil doscientos metros, a pocos pasos de la frontera austriaca, y que vivió hace cincuenta y tres siglos, en la edad del cobre. Ningún otro cuerpo humano tan antiguo ha llegado entero, con la piel, los tatuajes, la última comida en el estómago y todo lo que llevaba encima. Bolzano le dio en 1998 el antiguo palacio del Banco austrohúngaro en via Museo, y desde entonces es el museo más visitado del Alto Adigio, con la cola fuera de la puerta incluso en invierno.
Qué ver
Ötzi se ve por una ventanilla, dentro de una celda a seis grados bajo cero y humedad casi total, las condiciones del glaciar; es pequeño, oscuro, encogido, y la gente se queda en silencio. Alrededor, el equipo, y es la parte que asombra: el hacha de cobre con el mango de tejo, la más antigua completa que existe, que cambió la fecha de la edad del cobre en Europa; el arco sin terminar y el carcaj con doce flechas, de las que solo dos estaban listas; el puñal de sílex con la funda; el kit para el fuego con la yesca de hongo; el gorro de piel de oso, la capa de hierba trenzada, los zapatos rellenos de heno que todavía funcionan.
Luego la historia de la investigación, que es una novela policíaca: la punta de flecha encontrada en el hombro solo diez años después, la herida en la mano, la sangre de otras personas en sus cosas, los sesenta y un tatuajes en las articulaciones doloridas, quizá una terapia, el polen que dice en qué estación murió. Arriba la reconstrucción a tamaño natural de los hermanos Kennis, un hombre de cuarenta y cinco años con barba y ojos castaños que le mira. Las otras plantas cubren la prehistoria y la historia de la región hasta los carolingios, con las estatuas-menhir y las tumbas romanas, pero casi nadie llega.
La visita
El museo está en via Museo, en el centro de Bolzano, a cinco minutos de la piazza Walther y a diez de la estación, frente al museo cívico; entrada propia, cerrado los lunes salvo en los meses punta, y con la reserva en línea casi obligatoria los fines de semana y en verano, porque las entradas son por franjas horarias. Dos horas, con la audioguía en tres idiomas. No se fotografía a Ötzi.
El consejo de la redacción
Reserve la primera franja de la mañana y vaya enseguida a la ventanilla, antes de que la sala se llene: mírelo al menos un minuto entero, luego suba y haga el resto con calma. Y cuando vea los zapatos, recuerde que un experto en calzado los reconstruyó y caminó con ellos por la nieve: aguantaban mejor que los modernos. El resto del museo es la prueba de que no era un salvaje, sino un hombre bien equipado al que alguien persiguió hasta allá arriba.
