A la entrada del puente sobre el Talvera, entre el Bolzano viejo y el que construyó el fascismo, hay un arco de mármol blanco con catorce columnas en forma de fasces lictorias. El monumento a la Victoria lo proyectó Marcello Piacentini y se inauguró en 1928, en el punto exacto donde los austríacos habían empezado a levantar un monumento a sus propios caídos, derribado para dejar sitio a este. Por el arquitrabe corre una inscripción latina que dice, en esencia, que aquí acaba la patria y que desde aquí se educó a los demás con la lengua, las leyes y las artes.
Qué ver
El monumento es el mármol de Piacentini en su versión más fría: columnas-fasces con hachas en lugar de capiteles, relieves, y en el centro un Cristo resucitado esculpido por Adolfo Wildt, con otras esculturas de Arturo Dazzi y Libero Andreotti. Conviene mirarlo como se mira un documento: cada elemento dice algo preciso sobre quien lo encargó y sobre lo que quería hacer entender a quien cruzaba el puente.
En la cripta, bajo las columnas, hay desde 2014 un recorrido permanente que cuenta la historia de Bolzano entre las dos dictaduras: la anexión, la italianización, las opciones de 1939, la guerra, el campo de tránsito. Lo hicieron historiadores e hizo lo que décadas de polémica no habían hecho, es decir, convertir un símbolo en un objeto que se puede explicar. Alrededor de una columna, un anillo luminoso lleva el nombre del proyecto en las tres lenguas de la provincia.
La visita
El monumento está en piazza della Vittoria, a diez minutos a pie de la piazza Walther cruzando el puente del Talvera; se ve siempre y por fuera es gratis. El centro de documentación de la cripta tiene entrada libre con horarios limitados y un día de cierre, por confirmar. Tres cuartos de hora en total.
El consejo de la redacción
No se quede delante: baje a la cripta, porque es allí donde el monumento se vuelve comprensible. Suba después y cruce el puente a pie hacia el casco antiguo: en trescientos metros se pasa de los soportales medievales de lengua alemana a las avenidas racionalistas de lengua italiana, y se entiende que ese mármol nunca fue mobiliario urbano sino una frontera dibujada dentro de una ciudad.
