Los castillos del Valle de Aosta son casi todos cuadrados, con la torre del homenaje en el centro y los muros alrededor. El de Introd no: en el siglo quince se rehízo con una planta redondeada, casi oval, y en el valle no hay otro así. Nacido en el siglo doce como torre sencilla, aparece en los documentos en 1244 y fue ampliado hasta ser una fortaleza de verdad en 1260 por los señores del lugar.
Qué ver
Desde fuera se lee bien la sucesión: el núcleo antiguo y después la envoltura más tardía, que rebaja las esquinas y hace curvar los muros. Alrededor está la meseta en la boca de los dos valles, el de Rhêmes y el de Valsavarenche, que suben hacia el Gran Paradiso: el castillo está exactamente donde se controlaban los dos.
No lejos se encuentran los edificios rurales de madera y piedra típicos del valle, los graneros y las casas fuertes, que cuentan la otra mitad de la historia: no los señores sino los campesinos que trabajaban estas pendientes. Introd es también el municipio donde algunos papas pasaron las vacaciones de verano, en una casa entre los bosques sobre el pueblo.
La visita
El castillo está en Plan d'Introd, a un kilómetro del centro del pueblo, unos veinte minutos en coche desde Aosta; se visita con visitas guiadas en temporada, normalmente en verano, y las aperturas cambian de un año a otro: conviene comprobarlo antes de subir. Tres cuartos de hora.
El consejo de la redacción
Dé la vuelta completa al castillo a pie, por fuera, andando por el prado: es la única manera de ver la planta curva, que desde dentro no se percibe. Mire después hacia los dos valles: a media hora en coche de aquí se está dentro del parque del Gran Paradiso, y este castillo es el puesto de guardia de esa entrada.
