No es un museo con taquilla: está en altura, en la pista de las tuberías forzadas de la Gran Balconata del Cervino, cerca de los pastos de La Mande y de la presa del lago Goillet, y en parte ocupa un edificio de la compañía valdostana de las aguas.
Qué ver
Los paneles cuentan cómo se pusieron a producir electricidad las aguas del Marmore y qué queda de las obras del Vertice, del Tracciolino, de la central de Les Perrères y del embalse, levantados entre los años veinte y treinta. Fuera se ven las máquinas de verdad: el cabrestante de cable que subía la vagoneta desde la central de Les Perrères hasta el Vertice, un dispositivo de arranque Agudio, la motriz Brown-Boveri y las vagonetas que recorrían en llano el Tracciolino hasta debajo de la presa. Más arriba, en la ladera, está el edificio del que arranca la galería que lleva a la presa.
La visita
Se llega desde el Bec del Pio Merlo, bajando hacia el sur hasta el Alpe Promindot y siguiendo luego la pista de tierra. Es un destino de excursión, no de coche: hay que contarlo como etapa de una jornada en altura.
El consejo de la redacción
Quien camina aquí por el Cervino mirará hacia arriba todo el rato; conviene pararse y mirar hacia abajo, donde la montaña fue cableada. Es la parte de historia valdostana que ningún castillo cuenta.
