Castillo y aldea aparecen por primera vez en 1223, en un pleito entre el patriarca de Aquilea y el abad de Sesto al Reghena sobre quién tenía jurisdicción aquí. Ganó el patriarca, y la sentencia se convirtió en un contrato: a los habitantes se les impuso ocuparse de la defensa del territorio y del castillo, y a cambio se les concedió vender vino y pan en la taberna dentro de las murallas. Meduna era un feudo di abitanza, lo que quiere decir que quien lo administraba estaba obligado a residir en el castillo, no a mandar allí un vicario; la primera familia que lo hizo se llamaba, no por casualidad, Meduna. Con la llegada de Venecia el feudo pasó a una rama de los patricios Michiel, apodados por ello «dalla Meduna»: del castillo quedaron locales de servicio, y el centro del pueblo pasó a ser el palacio Michiel — hoy el ayuntamiento — donde estaban la cancillería, el tribunal y las milicias.
Meduna es Friuli por historia y por geografía, y lo fue también políticamente hasta la época napoleónica; es el único municipio de la provincia de Treviso que está entero a la izquierda del Livenza, y sus iglesias dependieron del patriarca, y luego del arzobispo de Udine, hasta 1923. En 1881 alguien propuso suprimir el municipio y agregarlo a Motta di Livenza: paró el intento una viva protesta popular organizada por un tal Giorgio Prosdocimo, y durante varios años el pueblo lo recordó con una fiesta. Quizá sea de aquel día el lema «Meduna la boje», Meduna hierve, que dice el temperamento de su gente. La parroquial de San Giovanni Battista, consagrada en 1545, se alza justo donde estaba el castillo, y es de ladrillo, con fachada a dos aguas y campanario de aguja; dentro conserva dos obras atribuidas a Jacopo Tintoretto, encargadas por los Michiel.