En la primavera del 569, en el paso de Lovadina, habría tenido lugar el encuentro entre el caudillo longobardo Alboino, recién bajado de los Alpes Julianos, y Félix obispo de Treviso: lo cuenta Pablo Diácono, y el obispo, dice, supo moverlo a piedad lo bastante como para librar del saqueo los bienes de la iglesia diocesana. El vado sobre el Piave era paso obligado entre la comarca de Treviso, la de Conegliano, Friuli y el otro lado de los Alpes, y por eso este territorio ha visto pasar ejércitos durante siglos; el camino de los peregrinos hacia Tierra Santa se llamaba via Ongaresca, por las incursiones de los húngaros que lo recorrían en sentido contrario. Lovadina, que fue el primer y más importante poblado de la zona, era ya etapa militar en los itinerarios de las legiones y luego corte de los reyes de Italia Berengario y Adalberto, que en 958 la donaron a Rambaldo di Collalto.
El río fue durante siglos el único oficio posible. De los bosques del Cadore y del Montello la madera bajaba en balsas hasta el mar; del cauce de grava se sacaba la piedra de cal, con los transportes y los hornos que ello suponía; por lo demás, mimbre y tonelería. Luego, a finales del siglo diecinueve, la fábrica Lazzaris hizo de Spresiano un primer puesto italiano en la industria de la madera: en vísperas de la Primera Guerra Mundial trabajaba allí casi un millar de personas, y en torno a la fábrica nacieron cooperativas de consumo, sociedades de socorro mutuo, barrios populares de compra a plazos y un patronato para la formación de los jóvenes. El nombre del pueblo, entretanto, viene de una finca: el vicus precilianus, el campo de Precilio.