Empieza con un terreno vacío y una ciénaga. En 1231 el Común donó a los frailes menores una parcela libre en el barrio de San Stin, y los franciscanos se pusieron a desecar el pantano llamado lago Badoer; con otros terrenos donados por un dux posterior nacieron la primera iglesia y el monasterio. Los venecianos la llamaron enseguida Santa Maria dei Frari, es decir de los frailes, y el apodo se ha convertido en el nombre.
Qué ver
La iglesia que se visita es la tercera, y el campo que tiene delante es un canal cegado. Unos veinte años después de la donación se puso la primera piedra de una segunda iglesia, de unos cincuenta metros de largo, cuyos cimientos absidales llegaban a rozar el rio dei Frari. En ochenta años volvía a quedarse pequeña. Se pensó en dar la vuelta al edificio, llevando su frente hacia el canal; en cambio se derribó la parte próxima al rio, el propio rio se cegó, y encima se hizo el campo dei Frari con su pozo de agua dulce. La tercera iglesia la empezó Jacopo Celega y la terminó su hijo Pier Paolo en 1396.
La visita
En el altar mayor está la Asunción de Tiziano, y en una nave lateral el retablo que los Pesaro encargaron al mismo pintor; en la sacristía el tríptico de Giovanni Bellini, en una capilla del coro el San Juan Bautista de Donatello, y la sillería del coro es de Marco Cozzi. Entre los monumentos funerarios, el del condotiero Paolo Savelli es el primero en Venecia que incluye una estatua ecuestre, y aquí está enterrado también Claudio Monteverdi. Algo que no se ve: en el siglo diecinueve los franciscanos fueron expulsados de la iglesia, y solo la recuperaron en 1922.
El consejo de la redacción
Busquen la pirámide y pregúntense para quién era. Antonio Canova había dibujado un proyecto de tumba para Tiziano que nunca se llevó a cabo. Cuando murió el propio Canova, sus discípulos retomaron justamente aquellos dibujos e hicieron con ellos el monumento del maestro, y dentro colocaron su corazón. En esta iglesia hay, pues, una pirámide diseñada por quien acabó dentro de ella, pero pensada para otro: y ese otro reposa a pocos pasos, bajo un monumento completamente distinto.
