En la iglesia parroquial hay una campana con una inscripción que no se lee a menudo: el pueblo de Fallo, gozoso por la reconquista de la autonomía cívica, ofrece esa campana a la iglesia en recuerdo perpetuo. La fecha es 1963. El municipio había sido suprimido en 1927 y agregado a Civitaluparella; hicieron falta treinta y seis años y un referéndum para que volviera a existir, y al año siguiente, en 1964, Civitaluparella tuvo que cederle el territorio. No a todos les toca mandar fundir una campana para celebrarse a sí mismos.
Antes de eso el pueblo había cambiado de manos varias veces, y de una de ellas sabemos incluso el precio: en 1590 quien lo había comprado siete años antes lo revendió por dieciocho mil ducados. De aquel mundo quedan dos grupos de casas rurales, el Borgo Valle Vecchia y el Borgo Pietra Antica, hoy casi del todo vacíos: establos y bodegas en la planta baja, y a los pisos de arriba se sube por escaleras exteriores apoyadas en bóvedas de cañón y arbotantes. Fuera del caserío sigue la fuente amurallada, de piedra escuadrada, con tres caños y dos abrevaderos.
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