Entre el patíbulo y la estatua pasaron noventa y un años. Francesco Mario Pagano, nacido en Brienza el 8 de diciembre de 1748, primogénito de Tommaso y de Marianna Pastore, fue ahorcado en Nápoles, en la piazza del Mercato, el 29 de octubre de 1799, por ser uno de los principales exponentes de la República Napolitana: las peticiones llegadas desde media Europa al rey Fernando y a la reina Carolina, para que su ciencia y su doctrina le salvaran la vida, no sirvieron de nada. Tenía cincuenta y un años. Caídos aquellos gobiernos, los vecinos de Brienza formaron un comité para levantarle un monumento y abrieron enseguida una suscripción a la que se sumaron el ayuntamiento, la provincia y el gobierno; aun así, el bronce no pudo inaugurarse hasta 1890.
Qué ver
La estatua es obra de Achille D'Orsi, escultor napolitano, y domina el espacio abierto que hay delante del ayuntamiento: no un rincón apartado, sino el lugar donde el pueblo trata sus asuntos públicos. Brienza le dedicó también una calle, la via Mario Pagano, que termina donde antiguamente se abría una de las puertas del casco antiguo; desde allí dos callejuelas trepan por el cerro, la de Santa Maria a la izquierda y la de San Michele dei Greci a la derecha.
La última restauración del bronce es de octubre de 1999, el año del bicentenario de la revolución napolitana. Puestas una al lado de la otra, las fechas dicen más que cualquier cartela: 1799 la condena, 1890 el monumento. En medio, casi un siglo en el que Brienza siguió reuniendo dinero para un hombre al que el Estado había ahorcado.
La visita
El monumento está al aire libre, en mitad del largo, sin entrada ni horarios: se mira cuando uno pasa. Conviene rodearlo en vez de quedarse enfrente, porque una escultura pensada para un espacio abierto está hecha para leerse desde varios lados. Después, si tienen tiempo, tomen la via Mario Pagano, que lleva hacia la parte vieja del pueblo.
El consejo de la redacción
Lleguen hasta el final de la via Mario Pagano, donde estaba la puerta del casco antiguo, y tomen la callejuela de la derecha, la de San Michele dei Greci: sube hacia el castillo de los Caracciolo, el eje alrededor del cual se enrolló el pueblo. La comparación compensa la subida: abajo el bronce de 1890 frente al ayuntamiento, arriba las casas apretadas contra el castillo.
