Durante unos treinta años fue la única manera de entrar en Melfi. La puerta Calcinaia nace en 1018, cuando el catapán bizantino Basilio Boioannes fortificó la ciudad para encajarla en una cadena de plazas fuertes levantada frente a los longobardos, y pertenecía al primer cinturón defensivo, el que ceñía el núcleo urbano original. Luego llegaron los normandos: desde 1041 la ciudad se ensanchó y se abrieron las puertas Balnea, Venosina y Sant'Antolino, todas más cómodas de alcanzar. La Calcinaia, la única encaramada en la cresta de la colina, pasó a segundo plano y allí se quedó.
Qué ver
Lo que hoy se cruza no es la puerta bizantina. Hacia 1460 Giovanni II Caracciolo mandó reforzar las murallas con baluartes rellenos de tierra para aguantar los cañonazos, pero el sector bizantino quedó fuera de la obra por considerarse infranqueable: un poco a la derecha del acceso solo se añadió un revellín, es decir una torre fortificada. La puerta salió casi intacta del terremoto de 1694, que en cambio devastó el resto de la ciudad, aunque su estructura interna quedó debilitada y en 1851 se derrumbó junto con el revellín y el tramo de muralla bizantina.
Hasta entonces el arco corría paralelo a las murallas, como muestran el grabado de Giò Pacichelli de 1600, el mapa del Canevaro del archivo Doria de 1695 y los dibujos de Edward Lear de 1847. El consejo de obras reunido en Melfi ese mismo 1851 decidió levantarla de nuevo, más grande y transversal al recinto, y esa es la posición que conserva. El seísmo de 1930 se llevó su parte alta, que no volvió a su sitio hasta la intervención iniciada en 2018 por el milenario de la ciudad y terminada, tras los aplazamientos de la pandemia, en julio de 2021.
La visita
Se llega por el sector occidental del recinto, el más empinado: de las cinco puertas es la única sobre la cresta, y la subida forma parte del monumento tanto como el arco. Mira primero el color. Los bloques escuadrados son de piedra volcánica oscura, unidos con mortero de cal aérea y puzolana, mientras que el arco de medio punto es de calcarenita clara, un material que no usa ninguna otra puerta de Melfi ni tampoco las murallas. Encima, la cubierta plana se apoya en tres dinteles de madera.
El consejo de la redacción
Toma la carretera exterior que baja hacia los Balnea: ahí estaba el arrabal de los hornos donde se cocían ladrillos y cal de construcción, y de donde la puerta sacó el nombre. Por una vez el topónimo no celebra a ningún santo ni a ningún señor; solo dice qué oficio se ejercía justo fuera de las murallas.
