Lo más notable de la iglesia del Carmine ya no está dentro de la iglesia: las hojas originales de madera de la puerta, con las imágenes que resumen la manera medieval de mirar a la muerte, se conservan en el Palazzo del Vescovado. El edificio, dedicado a la Madonna del Carmelo pero para todos en Melfi el Carmine, era además solo una parte de un conjunto mayor, el convento de los carmelitas, que ocupaba buena parte de los inmuebles de alrededor.
Qué ver
De aquel convento queda sobre todo la forma de las manzanas vecinas. A poca distancia, el palacio Severini es del siglo XVI y fue también convento de los carmelitas, antes de pasar a Decio Severini, profesor en las universidades de Pisa y de Roma y proyectista de obras hidráulicas en Italia, Egipto y Argentina; hoy alberga una agencia de seguros. Puestos en fila, iglesia y palacio dicen cuánto espacio ocupaba la orden en esta parte de la ciudad.
La iglesia no es una pieza dejada atrás: su cofradía sigue cuidando los ritos de la semana santa junto con la de Sant'Anna, que el viernes santo lleva en procesión a la Virgen de los Dolores y al Cristo muerto, seguidos de niñas vestidas de negro con los misterios de la Pasión en la mano. Son los cantos, tristes y volcados por entero en la tragedia del Gólgota, lo que más tiempo se queda en la cabeza.
La visita
Para ver las hojas de la puerta hay que cambiar de edificio y subir al Palazzo del Vescovado, sede del Museo Diocesano y de la pinacoteca: allí se exponen ajuares litúrgicos, platería y pinturas de los siglos XVII, XVIII y XIX reunidos en las iglesias de la diócesis de Melfi, Rapolla y Venosa. El palacio, normando en su traza y barroco de aspecto tras los terremotos, guarda también la biblioteca episcopal con varias ediciones del siglo XVI, y tiene un jardín visitable.
El consejo de la redacción
Encadenad las dos paradas, primero el Carmine y luego el museo del Vescovado: ante las hojas de la puerta, buscad el modo en que está representada la muerte y comparadlo con lo que acabáis de ver en una iglesia todavía en uso para la semana santa. Si caéis por Melfi esos días, escuchad los cantos de la cofradía: valen ellos solos el rodeo.
