Santo Stefano di Rogliano está al sureste de Cosenza, en el valle medio del río Savuto, y el edificio que más cuenta es el santuario de Santa Liberata. La santa a la que está dedicado es venerada como virgen y mártir, y su leyenda hagiográfica es de las que se recuerdan: la mujer de un cónsul romano, Calsia, mientras el marido estaba ausente, dio a luz nueve gemelas; llena de pudor ante un parto tan numeroso, ordenó a la comadrona que las ahogara en el mar, pero la comadrona era cristiana, no obedeció y las hizo bautizar a las nueve — Ginevra, Vittoria, Eufemia, Germana, Marina, Marciana, Basilisa, Quiteria y, la última, Liberata. Las hermanas habrían muerto después todas mártires, a manos de su propio padre, durante la persecución de Adriano. Es una tradición que los estudios recientes han desmentido en buena parte, y que la fuente misma acompaña con el adverbio que vuelve inevitable en estas biografías: probablemente fue martirizada en el siglo tercero o en el cuarto.
Las otras iglesias del pueblo son la Matrice, San Rocco y Santa Maria del Soccorso; entre los edificios civiles está el palacio Parisio, y en el territorio la mina de Carcarula. El tren sigue estando: el apeadero de Santo Stefano está en la línea Cosenza-Catanzaro Lido, servida por las Ferrovie della Calabria en la relación Cosenza-Marzi. El escudo y el pendón fueron concedidos en 1999. Pero aquello por lo que este pueblo se ha hecho conocer fuera de Calabria es reciente y ocurre en el aire: el encuentro de globos aerostáticos, organizado por la asociación Calabra Savuto in Volo con el patrocinio del ayuntamiento, con los globos, los vuelos en helicóptero, las exhibiciones de paracaidistas, las jornadas dedicadas a las escuelas y a las personas con discapacidad, la feria y los conciertos de la noche. Y es por los globos que el nueve de mayo de 2010 se oficializó el hermanamiento con Fragneto Monforte, un pueblo del Sannio que organiza encuentros internacionales desde hace años.