Cada año, para la fiesta del 28 de abril, en Castelvetere se cuecen unas cuarenta y cinco mil hogazas de pan. La leña se empieza a recoger en marzo; luego el párroco y un grupo de voluntariosos recorren el pueblo y los campos para que les den harina, o el dinero para comprarla; y por fin las viejas del lugar se encierran en un pequeño local con un horno y amasan, meten y sacan durante días. Los tortani, el pan de la Virgen, los lleva de casa en casa la procesión de las spunziatrici: niñas de unos ocho años, vestidas de blanco y cargadas de joyas de oro a imitación de la estatua de la Madonna delle Grazie, cada una con su madrina y un caballero — normalmente un pariente, con un bastón para defenderlas. La fiesta nació de un legado: una anciana donó un pedazo de tierra de trigo para que con la cosecha se hiciera pan para los pobres. Y la fecha viene de una nevada: la Virgen, aparecida a una viejecita a la que nadie quería creer, prometió hacer caer la nieve en el punto exacto donde quería su iglesia, y el pueblo la encontró al pie del castillo. Era el 28 de abril.
El castillo tiene que ver también con el nombre: castrum vetus, castillo viejo, porque las casas crecieron alrededor de la fortificación longobarda. Del castillo hoy no queda ningún castillo: reconstruido, se convirtió en la iglesia madre dedicada a la Asunción, y el casco antiguo que lo rodea, hecho de callejones estrechos y casas de piedra vista, se llama la Ripa. El pueblo aparece en los documentos en 991, cuando es donado al monasterio de San Benedetto en Salerno, luego en 1167 pasa a Montevergine, y en 1684 es vendido a Giuseppe de Beaumont, que se convierte en su barón. Hay además una singularidad que merece contarse: aquí el cementerio se llevó fuera del casco urbano mucho antes de que lo impusiera el edicto de Saint-Cloud, y la capilla cementerial se construyó por orden expresa de Fernando IV, como dice la inscripción de la entrada. El nombre actual es reciente: hasta 1950 el pueblo era Castelvetere di Calore. Está a setecientos cincuenta metros, bajo el monte Tuoro, y desde allá arriba se ven veintiocho pueblos.