Es la iglesia del pueblo de Nápoles, al fondo de la piazza Mercato, donde durante siglos se hicieron las ejecuciones, las revueltas y las fiestas: aquí, en 1268, Carlos de Anjou hizo decapitar a Conradino de Suabia, de dieciséis años, el último heredero de los Hohenstaufen, y su cuerpo sigue bajo el monumento que el rey de Baviera le hizo hacer en el siglo diecinueve. Aquí, en 1647, empezó la revuelta de Masaniello, que en esta iglesia fue asesinado y enterrado; y aquí, en 1799, fueron ahorcados los jacobinos de la República napolitana. Los carmelitas están desde el siglo trece, llegados del monte Carmelo con el icono de la Virgen Morena, y para los napolitanos esta es la Mamma d'o Carmene, no un monumento.
Qué ver
El campanario, de setenta y cinco metros, el más alto de la ciudad, que se ve desde el mar y desde todo Nápoles; la noche del quince de julio, por la fiesta de la Virgen, se le finge un incendio con fuegos artificiales, y la plaza se llena de cien mil personas. Dentro, el Crucifijo milagroso, la estatua de madera del siglo trece mantenida cubierta por un velo todo el año: la tradición dice que en 1439, durante el asedio aragonés, una bala de cañón entró por el ábside y Cristo bajó la cabeza para esquivarla, quedando con el cuello doblado y el pelo quemado. La bala está en la cripta. Se descubre el veintiséis de diciembre durante ocho días, el primer sábado de Cuaresma y en las calamidades.
En el altar mayor el icono de la Virgen Morena, escuela toscana del siglo trece, el más venerado de Nápoles, tras una portezuela que se abre para la bendición. En el transepto el monumento a Conradino, diseñado por Thorvaldsen y esculpido por Schopf en 1847, con los huesos del muchacho en el basamento: en 1943 los alemanes vinieron a buscarlos para llevárselos a Alemania, excavaron en el sitio equivocado y se fueron convencidos de que se habían perdido. El techo barroco de casetones dorados, y la cripta con la historia de la iglesia.
La visita
La basílica está en la piazza del Carmine, junto a la piazza Mercato, a diez minutos a pie de la estación central o de la Circumvesuviana; entrada libre con horarios de iglesia, cierre a mediodía, y misas frecuentes. Media hora. Es un barrio popular y vivo, poco turístico: la basílica está abierta y llena de gente que reza, no de visitantes.
El consejo de la redacción
Venga el veintiséis de diciembre, cuando se abre el velo del Crucifijo: la iglesia está llena, se hace cola para pasar un trozo de algodón por la madera y llevárselo a casa, y es una devoción que dura desde hace quinientos cincuenta años sin haberse interrumpido nunca. Si no puede, mire de todos modos el velo damasquinado sobre el arco: saber que detrás hay un Cristo con la cabeza doblada por un cañonazo es ya medio Nápoles.
