La basílica de Sant'Alfonso Maria de' Liguori, en la piazza Sant'Alfonso de Pagani, está confiada a los redentoristas, la Congregación del Santísimo Redentor, y lleva el nombre de su fundador, que la quiso y la ideó en persona. Llegado a Pagani para establecer allí la congregación, Alfonso mandó construir primero una pequeña capilla; para la iglesia obtuvo un decreto del rey Carlos de Borbón y confió el proyecto y la dirección de las obras al arquitecto real Pietro Cimafonte. La construcción empezó en 1756 y, tras varias interrupciones, no se terminó hasta 1824. Se consagró el 25 de septiembre de 1803, cuando todavía estaba dedicada a san Miguel; en 1908 el papa Pío X la elevó a basílica menor.
Qué ver
La fachada neoclásica, con columnas y decoraciones de estuco, la realizó en 1823 Filippo Conforto; al año siguiente Carmine Calvanese ejecutó las estatuas de los santos Pedro y Pablo, en las dos hornacinas a los lados de la entrada. El interior es de cruz latina, de una sola nave, con cuatro capillas laterales dedicadas a san Gerardo Mayela, a san Clemente María Hofbauer, a san José y a la Virgen del Rosario. El altar central, levantado en 1883 con mármoles procedentes del Palacio Real de Caserta, está rematado por un retablo de san Miguel Arcángel.
A la izquierda del ábside se abre la capilla del santo, comenzada en 1821. El altar de mármoles polícromos encierra la urna de plata, hecha fundiendo objetos preciosos donados por los fieles; las reliquias, dispuestas anatómicamente sobre un carro de plata, se llevaron allí ese mismo año. Encima está la estatua de madera del santo, obra del napolitano Antonio Lebbro. De los dos altares laterales, el de la Virgen del Perpetuo Socorro procede del oratorio primitivo: el propio san Alfonso celebraba misa en él.
La visita
Conviene comprobar los horarios de apertura y de misas con los padres redentoristas de la basílica. El aspecto de hoy debe mucho a las obras de restauración y decoración dirigidas en los años treinta por Gino Chierici, que embelleció con mármoles la capilla del santo.
El consejo de la redacción
En la capilla de la Virgen del Rosario mirad el vestido de la estatua: es el traje nupcial de María Cristina de Saboya, reina de las Dos Sicilias, que lo donó ella misma. Y el proyecto tiene su historia: para tener el consentimiento del rey, reacio a nuevos institutos religiosos, el edificio de los padres no debía tener forma de convento sino de una «casa secolaresca», una casa secular, como escribió a Alfonso el marqués Brancone.

