El castillo de Formigine está en la piazza Calcagnini, en el centro del pueblo. Nació en 1201, cuando el Común de Módena, tras una derrota a manos de las tropas de Reggio, decidió guarnecer la frontera con Reggio construyendo aquí un conjunto fortificado; las excavaciones han mostrado, sin embargo, que el lugar estaba habitado ya hacia el siglo X, en torno a una iglesia de San Bartolomeo y a su cementerio. En 1405 Nicolò III d'Este enfeudó Formigine a Marco I Pio, y bajo los Pio el castillo tomó la forma de hoy: junto a la fortificación medieval, la rocchetta, se levantaron el palacio de los marqueses y la torre del reloj. En 1599 volvió a los Este, y en 1648 se cedió al marqués Mario Calcagnini. Tras la Segunda Guerra Mundial el Ayuntamiento lo compró, lo reconstruyó y lo convirtió en casa consistorial, hasta 2002.
Qué ver
La rocchetta es la parte defensiva: la torre del sureste, la torre del homenaje, es decir, la torre del reloj, y el cuerpo de guardia con los dobles revellines, desde el que se manejaban los cuatro puentes levadizos, dos para peatones y dos para carros. Desde 2007, tras una gran restauración, alberga un museo arqueológico y multimedia, con los hallazgos de las excavaciones y las instalaciones interactivas de Studio Azzurro.
El área arqueológica dentro de las murallas conserva los restos del muro del siglo XIII, de la antigua pieve de San Bartolomeo «della Rocca» y del cementerio medieval. Las excavaciones, dirigidas por Sauro Gelichi de la Universidad Ca' Foscari de Venecia, encontraron también el burgo que en el siglo XIV se había formado al abrigo de la fortaleza, y que los Pio demolieron para hacer de él su jardín. El palacio de los marqueses, la parte residencial, conserva restos de frescos.
La visita
La taquilla del museo y el punto de información turística están en el palacio de los marqueses, que alberga también el salón de plenos y un restaurante. Conviene comprobar horarios y precios con el Ayuntamiento de Formigine.
El consejo de la redacción
Bajo la torre del reloj hay un subterráneo que en la última guerra servía de refugio antiaéreo. Una bomba caída en el jardín interior hizo que se hundiera su bóveda, y bajo los escombros murieron veinte personas, entre ellas los propietarios del castillo. Se salvó su hija, que tenía pocos meses.



