Casa Carbone no es una casa museo montada sobre el papel: es la vivienda donde los hermanos Emanuele y Siria Carbone vivieron hasta el final y que en 1987 donaron al Fondo Ambiente Italiano con todo lo que había dentro. El FAI la restauró y la abrió al público en 2004 devolviendo los objetos a su sitio, de modo que lo que se ve es el retrato de una familia burguesa ligur del siglo XX y no una antología de muebles de época.
Qué ver
El edificio sigue la construcción regional habitual del siglo XIX; los interiores, en cambio, responden al fin-de-siècle de las residencias señoriales de la zona, con su ración de estucos, telas y muebles oscuros. La colección más valiosa es la de cerámicas Wedgwood, pero lo mejor de la visita está en otra parte: en los objetos de uso que quedaron donde estaban, la ropa doblada en los armarios, las vajillas, las muñecas de porcelana.
El despacho de Emanuele Carbone merece más tiempo que el resto. El propietario era un hombre de intereses variados, y se nota en los instrumentos científicos y astronómicos alineados junto a los libros y las revistas que reunía: una habitación que explica qué significaba cultivar una curiosidad seria en una casa particular de provincias, sin laboratorio ni universidad detrás.
La visita
Casa Carbone está en el centro de Lavagna, en la provincia de Génova, y la gestiona el FAI: la apertura sigue el calendario de la fundación, con días y horarios estacionales, así que conviene comprobarlo antes de salir. La visita es breve, se trata de una casa y no de un palacio, y combina bien con un paseo por el pueblo.
El consejo de la redacción
Aconsejamos no tratarla como un museo de artes decorativas. Miren las cosas pequeñas: las etiquetas, los libros en las estanterías, el orden de las habitaciones. Y si tienen la suerte de encontrarla tranquila, pidan al voluntario que les hable de los dos hermanos: la historia de la donación y la decisión de dejarlo todo como estaba son lo mejor de la casa.
