De la antigua fortaleza quedan pocos elementos, y el más elocuente es un fragmento de muro de sillería escuadrada: eso es todo lo que el tiempo ha dejado del castillo de Ronco Scrivia. Se levantó entre los siglos XI y XII y pronto pasó a manos de los Spinola, que lo usaron también como refugio de los nobles genoveses exiliados. Ese papel le salió caro: en 1173 las tropas genovesas lo asaltaron y lo tomaron. En 1223, tras el concilio entre Génova y Tortona-Alessandria, fue la Liga Lombarda quien ordenó a los genoveses devolver la propiedad a los Spinola, y en 1313 la familia obtuvo del emperador Enrique VII de Luxemburgo la investidura oficial. De fortaleza pasó a residencia de los marqueses, habitada hasta 1797, cuando con Napoleón Bonaparte cayeron definitivamente los feudos imperiales.
Qué ver
Conviene llegar sabiendo lo que no se va a encontrar: ni torres intactas, ni muralla almenada, ni salas visitables. El castillo medieval ha sobrevivido a trozos, y el más reconocible es ese tramo de muro de sillares escuadrados, el único punto donde la fábrica militar todavía se distingue de lo que le ha crecido alrededor.
El resto lo cuenta la transformación del edificio. Cuando los Spinola dejaron de defenderse y empezaron a vivir allí, el castillo se convirtió en residencia de los marqueses y así siguió casi cinco siglos, hasta finales del XVIII. Es el recorrido habitual de los feudos imperiales del interior genovés: primero cuenta la defensa, luego cuenta el apellido.
La visita
Ronco Scrivia se alcanza sin dificultad: la estación está en la línea histórica Turín-Génova y en la variante de los Giovi, la carretera estatal 35 dei Giovi cruza el pueblo y la autopista A7 tiene aquí una salida. Los restos están en el casco principal; el artículo enciclopédico no da una dirección exacta, así que sobre el terreno conviene preguntar. No constan horarios, entradas ni visitas guiadas.
El consejo de la redacción
Nuestro consejo es no tomarlo como una visita, sino como una comprobación. Lleven las fechas encima, busquen el muro de sillería y prueben a imaginar el asalto de 1173 en un pueblo que hoy es sobre todo un nudo de carreteras y vías. Dediquen el resto del tiempo al lugar y al valle del Scrivia: aquí importa más el contexto que el monumento.
