🏰 Castillos y palacios

castello di Varese Ligure

📍 Varese Ligure, Liguria · 47/100

El pueblo de Varese Ligure es una elipse, y el castillo la cierra por el norte. Los condes Fieschi lo levantaron en la Edad Media para completar una operación urbanística trazada sobre el papel: casas de piedra iguales dispuestas a lo largo del perímetro, soportales en la planta baja para las actividades de trabajo, callejones estrechos que unen el anillo con la calle central. El resultado, que aquí llaman «Borgo Rotondo», es a la vez un pueblo y una cortina defensiva. Las razones eran dos, muy concretas: controlar la vía de comunicación y de intercambio entre la costa de levante y el Apenino ligur-emiliano, y aguantar las guerras que atravesaban el alto valle del Vara.

Qué ver

Las dos torres hablan de dos épocas distintas. La más alta es la torre del Piccinino, de 1435: debe su nombre al condotiero Niccolò Piccinino, al servicio del duque de Milán Filippo Maria Visconti, que se impuso a los Fieschi después de que dos intentos de asedio fracasaran en el siglo XV. Era una torre de ofensa, dotada en origen de puente levadizo y considerada entre las más avanzadas de su tiempo en materia de armamento; la construyeron cuadrillas llegadas de la Lunigiana, las mismas que ya habían trabajado en la torre del castillo del Piagnaro, en Pontremoli.

La segunda torre es más baja, cilíndrica, con base en talud, y es obra de los Landi entre 1472 y 1478. Los ventanales que hoy se ven no son medievales: llegaron cuando el edificio cambió de oficio. En 1547, tras el fracaso de la conjura de Gianluigi Fieschi contra Andrea Doria, el feudo pasó a la República de Génova; instituida la podestería, la antigua residencia fliscana se convirtió en sede del podestá y en cárcel, y la estructura se adaptó en consecuencia, con un probable rebajamiento del torreón.

La visita

El castillo está en la piazza Castello, dentro del Borgo Rotondo, y hoy es propiedad municipal. Restaurado en la segunda mitad del siglo XX por la superintendencia de monumentos de Liguria, acoge exposiciones, congresos y actos: las aperturas siguen el calendario de las actividades más que un horario fijo, así que conviene preguntar en el ayuntamiento antes de subir al valle del Vara. El exterior, en cualquier caso, se recorre siempre, y vale la mitad de la visita.

El consejo de la redacción

Aconsejamos dar toda la vuelta a los soportales antes de mirar el castillo: bastan cinco minutos para entender que el pueblo y la fortificación son una sola obra, proyectada a la vez. Después volvamos a las dos torres y fijémonos en las bases: la cilíndrica se ensancha hacia abajo, en talud, porque debía encajar la artillería; la otra, unos cuarenta años más antigua, razonaba todavía en términos de puente levadizo y de tiro desde arriba.

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