Los historiadores nunca se han puesto de acuerdo sobre la fecha de esta torre: algunos la remontaban a 1130, mientras que un estudio de Valeria Polonio impreso en Chiavari en 2012 la traslada cuatro siglos largos, al XVI. Sobre su oficio, en cambio, no hay dudas: la República de Génova la quiso allí arriba para vigilar el mar al este de Moneglia y dar la alarma en cuanto aparecían velas equivocadas en el horizonte.
Qué ver
Hoy es una ruina, y conviene saberlo antes de subir. La torre-fortaleza de Villafranca se levanta en las primeras laderas al este del pueblo, en posición dominante, y de aquel puesto quedan muros manipulados y en parte derribados. Era en todo caso la menor de las dos fortalezas de Moneglia: la de Monleone, al otro lado del pueblo, era más grande y pesaba más en las cuentas de la República.
La prueba de fuego llegó en 1564, cuando los corsarios que acababan de arrasar y saquear la vecina Lavagna se presentaron por aquí y la torre participó en la defensa del pueblo. Antes de la Segunda Guerra Mundial, el entonces propietario, Luigi Burgo, hizo restaurar el edificio; la guerra volvió a dañarlo, y con más saña. A pocos pasos de las ruinas se alza Villa Maria, construcción del siglo XIX que repite algunas soluciones arquitectónicas de la torre.
La visita
Se llega desde el pueblo, hacia levante y cuesta arriba: la torre queda justo por encima de las casas, no es una excursión de montaña. Las obras de consolidación del ayuntamiento permitieron reabrir el sitio al público, pero son recientes y no hay un calendario de visitas que se pueda dar por hecho; una llamada al ayuntamiento antes de salir ahorra la subida en balde. Quien espere salas amuebladas se llevará un chasco. Quien busque el punto desde el que se vigilaba este tramo de costa, no.
El consejo de la redacción
Nosotros la unimos siempre a Monleone en la misma mañana: primero Villafranca, luego el otro castillo, y la diferencia de escala entre los dos puestos se entiende sin leer una línea. Y subimos con la luz baja de la tarde, cuando el mar del este toma el color que el centinela de turno veía por última vez antes de la oscuridad.
