El pueblo se alza en las orillas del Adda, no lejos del punto donde el río acaba en el Po, y lleva el nombre de una familia. Según la fuente, Crotta viene de una rama de los antiguos Crotta o Crotti, de estirpe longobarda, que en la alta Edad Media se estableció aquí llegando desde Bérgamo. Los Crotti habrían sido nobles arimanni, es decir guerreros longobardos a caballo, asentados en Bérgamo en tiempos de la invasión de 568 y luego dispersos por otras zonas de Lombardía; y la misma fuente cuenta entre los miembros de la casa al rey Rotario, a su hijo el rey Rodoaldo y a los duques longobardos de Bérgamo. Es una genealogía que el pueblo se cuenta desde hace siglos, y vale lo que valen las genealogías: lo que queda es el nombre, y el nombre sigue ahí.
Sobre quién mandaba, en cambio, los documentos son más secos. En el siglo doce Crotta pasó a ser propiedad de la iglesia de Milán, y luego anduvo por las manos de importantes familias lombardas. Entre 1272 y 1381 fue uno de los siete lugares — junto con Basiasco, Corno Giovine, Cornovecchio, Pizzighettone, Maleo y Maccastorna — sobre los que la familia Vincemala, después Vismara, ejerció el mero y mixto imperio, es decir el derecho pleno de juzgar en materia civil y criminal: durante más de un siglo, sobre estas tierras, aquella casa tuvo en la mano también la vida y la muerte. El monumento del pueblo es la villa Stanga, y el escudo municipal, concedido en 1987, lleva, enrollada a un bastón, una cinta con el lema latino Fortitudo fatalis, fuerza fatal: un lema que no era de los Crotti sino que adoptó la familia cremonesa de los Stanga. Así el pueblo acaba llevando el nombre de una familia y la enseña de otra.
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