Las hermanas Necchi, Gigina y Nedda, y el marido de Gigina, Angelo Campiglio, eran de Pavía y fabricaban máquinas de coser; en Milán quisieron una casa y en 1932 se la pidieron a Piero Portaluppi, que se la hizo en tres años sin límite de gasto, en un jardín de via Mozart con pista de tenis y la primera piscina privada de la ciudad, climatizada. Fuera es racionalismo, dentro es art déco, con ascensor, interfonos y montaplatos; luego Tomaso Buzzi la vistió de siglo dieciocho, porque la modernidad ya había pasado de moda. Las hermanas no tuvieron hijos y la dejaron al FAI, que la abrió en 2008 como estaba, con la vajilla en los aparadores; en 2009 Guadagnino rodó aquí Yo soy el amor, y los Recchi de la película son los Necchi con una letra cambiada.
Qué ver
La entrada de nogal y palisandro, la biblioteca con el techo de rombos de estuco y las mesas de juego, la veranda jardín de invierno con dos paredes de cristal y el suelo de travertino y mármol verde, donde el jardín entra en casa; el salón y el fumoir reamueblados por Buzzi con la chimenea renacentista, el comedor con las paredes de pergamino, el techo con los signos del zodíaco y los tapices de Bruselas; el despacho de Angelo Campiglio, todo madera, con el escritorio ovalado. Son las habitaciones de la película, y se reconocen una a una.
En el piso de arriba los dos apartamentos gemelos de las hermanas, con los vestidores, los baños de mármol y los dormitorios, y las habitaciones de invitados: la del Príncipe, donde dormía Enrique de Hesse, el escenógrafo de la Scala, y la de la Princesa, para Maria Gabriella de Saboya, amiga de la familia. En las paredes las colecciones dejadas al FAI por otros milaneses, con Sironi, de Chirico, Arturo Martini, Morandi, que en una casa están mejor que en un museo. En el sótano la cocina, la sala de billar, los vestuarios del tenis; en el jardín la piscina, la magnolia, y el café en el invernadero.
La visita
La villa está en via Mozart, en el cuadrilátero silencioso detrás del corso Venezia, metro Palestro o San Babila; es del FAI, con entrada propia, descuento para socios, cerrada por norma lunes y martes; se entra en grupos con visita acompañada, reservando los fines de semana. Hora y media; el jardín y el café son accesibles incluso sin entrada en ciertos horarios, por comprobar.
El consejo de la redacción
Haga la visita, luego vuelva al jardín y siéntese en el café frente a la piscina, adonde el ruido de Milán no llega: es el momento en que se entiende por qué las hermanas nunca quisieron dejarla. Y en el comedor, pida ver el montaplatos: es la prueba de que la casa se había pensado para que el servicio no se viera, y de que detrás de la elegancia había una máquina.
