Dos hermanos milaneses, a finales del siglo diecinueve, decidieron vivir en el Renacimiento. Fausto y Giuseppe Bagatti Valsecchi ampliaron el palacio familiar de via Gesù, a dos pasos de Montenapoleone, y lo rehicieron como una residencia señorial lombarda de los siglos quince y dieciséis: techos artesonados, chimeneas de piedra, frisos pintados, y dentro los muebles, las armas, las mayólicas y los cuadros auténticos que compraban en subastas de toda Europa. No era una colección para exponer sino una casa para habitar, y la habitaron, con sus familias, con el agua corriente y la electricidad escondidas tras la madera antigua.
Qué ver
El museo es la casa tal como la dejaron. En la galería y en las salas se pasa ante la Santa Justina de Giovanni Bellini, de hacia 1475, y el Beato Lorenzo Giustiniani de Gentile Bellini en su marco original, ante Giampietrino y Bernardo Zenale, y una luneta con la Virgen de un discípulo de Donatello; pero el sentido de la visita está en los objetos: los arcones tallados, los tapices, los relojes, los vidrios, los cofres de marfil, la sala de armas con las armaduras renacentistas. La biblioteca conserva los tratados de Serlio y Vitruvio con los que los hermanos proyectaban.
La estancia que todos recuerdan es el baño: una bañera de mármol dentro de un nicho esculpido, con los grifos y la ducha ocultos en la decoración, porque el Renacimiento era una escenografía y la comodidad moderna no debía estropearla. Es la idea de casa que el Milán de los industriales se hacía de su propio pasado, y en esto el palacio cuenta el siglo diecinueve más que el quince.
La visita
El museo lo gestiona una fundación privada creada por los herederos en 1974; el palacio lo compró la Región de Lombardía en 1975 y la casa está abierta al público desde 1994. Desde 2008 forma parte del circuito de las Casas Museo de Milán con el Poldi Pezzoli, Villa Necchi Campiglio y la casa Boschi Di Stefano, con una entrada común. Está en via Gesù, dentro del cuadrilátero de la moda, a cinco minutos del metro de Montenapoleone; cierra los lunes.
El consejo de la redacción
Hágala en pareja con el Poldi Pezzoli, a trescientos metros: dos coleccionistas milaneses del mismo siglo, dos maneras opuestas de vivir con el arte, uno como galería y el otro como casa. Y aquí, en cada habitación, busque dónde escondieron los hermanos lo moderno: un radiador tras una reja, una lámpara en un candelabro. Es el juego que ellos mismos tenían en mente.
