En la fuentecilla contigua a la iglesia está esculpido el nombre de Roberto Avalerio, señor de Matrice en el momento de la consagración: se cree comúnmente que fue él quien donó el terreno donde nació la abadía benedictina. Es uno de los pocos asideros firmes en una historia hecha sobre todo de hipótesis.
La consagración tuvo lugar en 1148 a manos de Pietro, arzobispo de Benevento, en presencia de los obispos de Vulturara, Civitate y Boiano. Antes de esa fecha se avanza a ciegas: un castrum de Santa Maria della Strada aparece en un pergamino fechado en 1039 sobre los límites de Montagano, pero la letra es al menos siglo y medio posterior, y no está claro si copia un original perdido o es una falsificación. El nombre de un abad, Landolfo, todavía se leía a mediados del siglo XIX en el pavimento de la iglesia; otro, Nazzario, aparece en 1176 dirimiendo un pleito. Los monjes gozaban de una libertad poco común: jurisdicción sobre la aldea como subfeudatarios del señor de Matrice, pero exención de las obligaciones feudales, un equilibrio que los señores de Lupara intentaron romper por la fuerza más de una vez.
Qué ver
La iglesia está considerada uno de los logros más altos del románico de Molise, y la razón está sobre todo fuera: los muros exteriores llevan un programa decorativo complejo sobre el que la crítica nunca se ha puesto de acuerdo. También el nombre es un enigma. Sancta Maria de Strata: ¿qué camino? El edificio no está hoy en ninguna vía importante, y se ha pensado en un ramal de cañada que une Matrice con Petrella Tifernina y desemboca en el tratturo Celano-Foggia, o en un enlace de época romana entre el interior samnita y la costa; o, más sencillamente, en la Madonna Odigitria, la que señala el camino al caminante.
El consejo de la redacción
No busque la aldea: el caserío campesino que creció en torno a la abadía se disolvió, quizá tras el terremoto de 1456, y quedó la iglesia sola en el campo al norte de Matrice, restaurada y reconsagrada en 1703 por el arzobispo Vincenzo Maria Orsini. Vaya con luz rasante: es cuando mejor se leen los relieves exteriores.
