La destilería Bocchino es una de las bodegas históricas de Canelli, incluida junto con la ciudad y la zona del Asti en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO. Aquí no se hace espumante sino grappa, y esa es la razón por la que la visita tiene un corte distinto del de las catedrales subterráneas: se baja al mundo de los destilados y a la historia de una familia que lo practica desde generaciones.
Qué ver
El recorrido pasa por la sala de las barricas, que es el corazón del sitio: centenares de barricas de maderas distintas, dentro de las cuales reposan destilados de añadas distintas y de uvas distintas. Ahí se entiende la diferencia entre una grappa y otra, porque la madera y el tiempo hacen la mayor parte del trabajo, y verlas todas juntas vuelve evidente algo que en la botella queda invisible.
La visita
Dura unas dos horas y es exclusivamente con reserva, para grupos muy pequeños. No es una parada rápida para meter entre otras dos: hay que programarla, y con antelación, porque las plazas son pocas. La degustación forma parte del recorrido.
El consejo de la redacción
Quien tenga un solo día en Canelli que elija según lo que le interese: las bodegas Gancia cuentan el espumante y la ingeniería del subsuelo, la Bocchino cuenta el destilado y la madera. Son dos oficios distintos en la misma ciudad, y hacer los dos en la misma tarde significa no disfrutar de ninguno.
