Un ricetto no es un castillo ni un pueblo: es una estructura fortificada dentro del núcleo habitado, donde se ponían a salvo los bienes del señor o de la comunidad, forrajes y vino, y donde la población se retiraba en caso de ataque. El de Candelo no fue nunca habitado de forma estable, y es uno de los ejemplos mejor conservados de Europa.
Qué ver
El perímetro es un pentágono de unos 470 metros, para un área de 13.000 metros cuadrados: dentro hay unos doscientos edificios llamados celdas, servidos por cinco calles este-oeste, las rue, cruzadas por dos perpendiculares. Las murallas tienen torres cilíndricas en las esquinas y solo se interrumpen al sur, donde en 1819 se construyó el ayuntamiento, neoclásico y decididamente discordante con el resto. El único acceso era la torre-puerta, de sillares abajo y ladrillo arriba, con dos aberturas cerradas por sendos puentes levadizos: una grande para los carros y otra pequeña para los peatones.
La visita
El edificio más alto es la casa del Principe: la obtuvo a comienzos del siglo XVI Sebastiano Ferrero, señor del feudo desde 1496, sobrealzando y modificando las celdas que ya estaban. Las celdas hoy no son viviendas: casi todas pertenecen a particulares y asociaciones de Candelo y albergan talleres, bodegas, el centro de documentación de los ricetti de Europa y un pequeño museo de cosas de cocina. Desde la torre suroeste un sendero baja a la iglesia de Santa Maria bordeando la roggia Marchesa, el canal que desde 1561 lleva agua a los campos del Biellese y hasta los arrozales de Vercelli.
El consejo de la redacción
La historia que conviene recordar es de 1499. Sebastiano Ferrero, juzgando demasiado escaso el impuesto de hogar que le pagaban los vecinos, reclamó derechos sobre el ricetto: los jueces llamados a decidir se los rechazaron. Por eso este lugar se estudia no solo como arquitectura sino como institución, y por eso el carnaval histórico de Candelo sigue representando aquella disputa.
