⛪ Iglesias y santuarios

abbazia di Santa Maria di Lucedio

📍 Trino, Piamonte · 49/100

La abadía de Santa Maria di Lucedio fue fundada en el primer cuarto del siglo XII, con toda probabilidad en 1123, por monjes cistercienses llegados del monasterio de La Ferté, cerca de Chalon-sur-Saône, en Borgoña. El marqués Ranieri I de Monferrato les donó tierras que había que sanear, entonces pantanosas y cubiertas de maleza inculta, llamadas locez: de ahí viene el nombre. La abadía se construyó como estructura fortificada y creció durante tres siglos, hasta ser uno de los lugares sagrados más ligados a la dinastía aleramica, tanto que muchos marqueses quisieron ser enterrados aquí.

Qué ver

Dentro del recinto amurallado se conservan partes importantes del monasterio medieval: el campanario, insólito por su planta octogonal sobre una base cuadrada anterior, en gótico lombardo; el claustro; la sala capitular de mediados del siglo XIII, con columnas de piedra y capiteles de hechura altomedieval; la sala de los Conversos, con esbeltas bóvedas vaídas apoyadas en columnas bajas. Las iglesias son dos. La abacial antigua, de los años centrales del siglo XII, estaba ya en ruina amenazante y fue derribada para dejar sitio a un edificio barroco levantado entre 1767 y 1770 por el monje arquitecto Valente de Giovanni. La segunda es la llamada iglesia del pueblo, de 1741, diseñada por Giovanni Tommaso Prunotto, colaborador de Juvarra, y destinada a las familias campesinas que vivían en Lucedio.

La visita

El patrimonio de la abadía era enorme y estaba organizado según el método cisterciense: las tierras se dividían en granjas, y al frente de cada una no había un monje, ya ocupado por sus horas de oración, sino un hermano converso capaz de hacerla rendir. Los conversos dirigían el trabajo de campesinos libres y asalariados y respondían ante el cillerero, el monje que administraba todo por cuenta del abad. Entre los abades hay que recordar al beato Oglerio da Trino, que guio Lucedio de 1205 a 1214. En 1457 el monasterio dejó de depender de los cistercienses y pasó a ser encomienda de los Paleólogos; en 1784 pasó a la Orden de los Santos Mauricio y Lázaro y los monjes que quedaban, ya una decena, fueron trasladados a otro lugar. Napoleón lo cedió a Camillo Borghese, y en 1861 la finca fue a parar al genovés Raffaele de Ferrari, duque de Galliera, a quien los Saboya concedieron el título de príncipe de Lucedio: la inscripción Principato di Lucedio se lee todavía en el portal de entrada.

El consejo de la redacción

Lucedio es hoy una explotación agrícola en plena actividad, y ese es el punto: los cistercienses vinieron a sanear un pantano, y el pantano se ha convertido en el arrozal que aún rodea los muros. El ciclo que pusieron en marcha nunca se ha interrumpido, solo ha cambiado de dueño. Sobre la abadía circulan muchas leyendas, de criptas secretas, de abades momificados sentados en círculo sobre tronos y de una columna que llora: son relatos tardíos, alimentados por la atmósfera de los patios y sobre todo de la sala capitular, y vale la pena conocerlos sabiendo que son leyendas. Lo que de verdad hay que mirar es el campanario octogonal, que no se parece a ningún otro en la llanura.

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