Quien está en el presbiterio oye con nitidez una voz susurrada en la puerta principal, 85 metros más allá; en sentido contrario el fenómeno no funciona. El portavoce de la catedral de Agrigento no lo proyectó nadie: es el subproducto acústico de nueve siglos de obras superpuestas. La iglesia nació con la reconquista normanda, iniciada justo después de la toma de la ciudad en 1087 y concluida en 1094, cuando la diócesis acababa de refundarse y se confió a Gerlando de Besançon, primo del gran conde Roger y obispo desde 1088. La advocación de San Gerlando llegó más tarde, en 1315.
Qué ver
La iglesia ocupa el punto más alto y occidental de la colina y se sube por una escalinata de cinco tramos, flanqueada por parejas de pilares de toba. Sobre el atrio se alza el campanario que quedó sin terminar: lo empezó en 1470 Giovanni Montaperto Chiaramonte, canónigo y luego obispo de Mazara del Vallo, y en su costado sur conserva ventanas ciegas de gusto plateresco y el escudo familiar ya erosionado. La fachada es de sillares de toba en dos órdenes, con un gran óculo y una portada de mármol renacentista; por el lado derecho se alinean la torre del reloj con el cuadrante solar, la capilla de San Gerlando y los ábsides. Todo se apoya en un espolón friable que ha cedido más de una vez: en 1198 el edificio consta como derrumbado y, tras otra reconstrucción más, fue reconsagrado en 1248.
Dentro, la planta es de cruz latina con tres naves, y las costuras entre una obra y otra se leen a simple vista: arcos apuntados sobre pilares octogonales hacia la entrada y arcos de medio punto sobre columnas hacia el crucero, donde el siglo XVII español añadió los ábsides y una cúpula fingida, pintada en trampantojo, con las Virtudes cardinales de Michele Blasco, autor también del Paraíso en el cascarón absidal. Sobre la nave central corren las cerchas pintadas entre 1511 y 1514, con santos, personajes bíblicos y mascarones, junto a un artesonado del siglo XVII con el águila bicéfala de Carlos V. En la nave derecha se conserva la urna de plata de San Gerlando, obra de Michele Ricca de 1639; en la capilla De Marinis, el monumento funerario de Gaspare de Marinis, esculpido en 1493 por Giovanni Gagini y Andrea Mancino. En el ábside está el órgano Mascioni opus 463, montado en 1933, con 49 registros en tres teclados.
La visita
La catedral cierra por arriba el casco antiguo: desde la via Atenea se sube a pie en unos diez minutos por callejones en cuesta, mientras que el Valle de los Templos es otra cosa, más abajo y a unos kilómetros. Los horarios siguen la vida litúrgica y conviene comprobarlos antes de subir, porque aquí las aperturas han vuelto por fases: el 25 de febrero de 2011 la catedral fue declarada en ruina por la friabilidad del espolón y cerrada al público, con San Domenico haciendo sus veces; tras las obras de consolidación de la roca volvió a ser plenamente accesible en 2019. Para el interior calculad tres cuartos de hora.
El consejo de la redacción
El portavoce hay que probarlo: colocaos en el presbiterio y pedid a alguien que hable en voz baja desde la puerta principal, mejor con la iglesia vacía, porque el ruido de un grupo lo tapa todo y la primera hora de la mañana sigue siendo el mejor momento. Aconsejamos además llevar prismáticos para el techo: las figuras de las cerchas del siglo XVI quedan muy altas y a simple vista se pierden los mascarones, que son la parte más divertida de la decoración.
