En julio de 1544, el almirante otomano Jayr al-Din Barbarroja y el comandante Rais Dragut asediaron y arrasaron Lipari, deportando como esclavos a la mayor parte de la población. Tras la tragedia, el emperador Carlos V ordenó la reconstrucción del recinto amurallado entre 1529 y 1575, dando forma a la actual ciudadela fortificada. El conjunto se levanta sobre un peñón de origen volcánico de unos 50 metros de altura, cortado a pico sobre el mar Tirreno, en lo alto de la acrópolis conocida como Civita.
Qué ver
Las poderosas murallas españolas engloban elementos de defensas anteriores, entre ellos restos de torres normandas del siglo XII y una torre de época griega de mediados del siglo IV a.C. Entre los hallazgos de la etapa helénica —iniciada hacia el 580-576 a.C. con los colonos llegados de Cnido y Rodas— destaca el Bothros de Eolo, una fosa votiva sellada por una losa de piedra de lava rematada por un león tumbado. Las excavaciones arqueológicas iniciadas en 1950 por Luigi Bernabò Brea sacaron a la luz una estratigrafía de unos diez metros: se distinguen bien las cabañas ovoides del Neolítico (de hasta 5 metros de anchura, con suelos de arcilla cruda y techos de ramas de retama) y las viviendas más amplias de la cultura ausonia (15x7 metros), con techo a dos aguas sobre postes verticales. En el centro de la explanada se alza la catedral de San Bartolomé, fundada en 1094 por Roger I de Sicilia, destruida en el ataque de 1544 y reedificada después, con la fachada terminada en 1861. Junto a la catedral se conserva el claustro normando, construido reutilizando materiales de época romana. El área incluye también la iglesia de Santa Caterina, del siglo XVII, las iglesias de la Addolorata y de la Immacolata, y los edificios que albergan el Museo Arqueológico Regional Eoliano.
La visita
El área del Castillo separa la bahía de Marina Lunga, al norte, de la de Marina Corta, al sur. Se accede a través de la puerta fortificada abierta en el sistema defensivo español. En la retícula interior se aprecian las trazas de los ejes viarios de época romana, reconocibles en los cardos y decumanos de la acrópolis.
El consejo de la redacción
Durante el paseo por el claustro de la catedral, fíjate de cerca en los capiteles y en los fustes de las columnas: se ven con claridad los detalles arquitectónicos y los materiales reaprovechados de edificios romanos y de elementos medievales anteriores.
