Entre 572 y 590, el historiador Gregorio de Tours documentaba ya la existencia de una gran iglesia levantada en Lipari sobre la sepultura de san Bartolomé, llegado a la isla dentro de un sarcófago de plomo que flotaba sobre las olas. La basílica concatedral de San Bartolomeo es el edificio de culto más antiguo y de mayor capacidad de la isla, se alza dentro de la Cittadella y constituye la sede principal de la archidiócesis de Mesina-Lipari-Santa Lucia del Mela, en el vicariato y en la parroquia insular dedicada al apóstol.
Qué ver
El edificio domina la Cittadella con su fachada principal orientada al noroeste, asomada directamente a la escalinata que baja a la parte baja del casco urbano. Más allá de la relevancia de la estructura, la iglesia encarna una tradición hagiográfica secular: la memoria del lugar de culto se entrelaza con los relatos de autores medievales como Teodoro Estudita y José el Himnógrafo, que narran el hallazgo del cuerpo del apóstol Natanael por parte del santo obispo Agatón. Según los textos antiguos y una tradición notarial que se remonta a 1617, firmada por monseñor Alfonso Vidal, el arca que contenía los restos habría llegado por primera vez el 13 de febrero de 264 a la playa de Portinenti, escoltada por cuatro urnas de otros mártires y arrastrada hasta el lugar de la construcción gracias a la fuerza de dos novillas castas, después de que todo intento humano resultara vano.
El consejo de la redacción
Para captar la relación urbanística de la concatedral con el territorio, merece la pena detenerse en lo alto de la escalinata de la fachada noroeste, punto de enlace histórico y visual entre la antigua roca de la Cittadella y la ciudad baja.
