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Bagni di Cefalà Diana

📍 Cefalà Diana, Sicilia · 51/100

A media altura, en el muro exterior, corre una franja de bloques de piedra caliza con una inscripción cúfica hoy carcomida e ilegible: de esas letras los estudiosos dedujeron quién encargó la obra, Roger II, y una fecha en torno a 1140-1141. El resto del edificio es un cubo de piedra sin ornamento, plantado al pie del Monte Chiarastella, junto al espolón rocoso del que salía el agua caliente. Es el único conjunto termal de matriz islámica que sigue en pie en Sicilia: un hammam levantado entre la segunda mitad del siglo X y comienzos del XI, rehecho luego en época normanda.

Qué ver

Dentro hay una sola sala, cubierta por una bóveda ligeramente apuntada y dividida en dos partes desiguales por un triple arco apuntado que apoya en dos columnas con capiteles corintios. Sobre los arcos se abren tres ventanas. En la mitad mayor, tres piletas están encajadas en el suelo una junto a otra, separadas por muretes; en la mitad menor hay una sola. Todavía se siguen las conducciones que llenaban y vaciaban las piletas, alimentadas por manantiales calientes y fríos que brotan a pocos pasos.

En el muro quedaron englobados bloques romanos: aquí ya existía una instalación termal en la Antigüedad. La cronología sigue en discusión, porque el geógrafo árabe al-Idrisi no incluye estos baños en el Libro de Roger, y por eso algunos fechan el edificio en la época normanda tardía. A comienzos del siglo XIV el lugar acoge un fondaco; a mediados del XVIII el barón Niccolò Diana excava la pileta al sur del muro y divide en tres la única gran piscina del sector norte. La última reforma es del siglo XIX.

La visita

Los baños quedan a unos dos kilómetros al nornoreste del pueblo, junto a la carretera provincial: se llega en coche, se aparca en el arcén y quedan pocos metros a pie. La Región Siciliana expropió el edificio en 1975 y desde 1984 la superintendencia de Palermo se ocupa de su recuperación y apertura; hoy el monumento depende del parque arqueológico de Hímera, Solunto y Iaitas, que fija entrada y horarios: ambos cambian con la temporada, así que conviene llamar antes. Veinte minutos bastan: la sala es una sola.

El consejo de la redacción

Vamos por la mañana, cuando la luz entra por las tres ventanas altas y cae recta sobre las piletas: es el único momento en que se entiende cómo se iluminaba la sala. Después conviene alargar la parada, porque manantiales y baños forman parte desde 1997 de la reserva natural de Cefalà Diana y Chiarastella, y en la roca sobre el pueblo quedan las ruinas del castillo, media hora de subida y el valle entero a la vista.

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