Este palacio se desmontó por dentro. En el siglo veinte la escalera de honor se derribó para hacer sitio a una escalera de comunidad, la portada principal del Cassaro se tapió para sacar de ella un comercio, y la entrada se trasladó a la puerta lateral por la que se accedía a las cuadras. De las columnas monolíticas del patio queda una a la vista: la otra acabó dentro de un muro.
Qué ver
El primer núcleo lo mandó levantar en el siglo dieciséis un barón de Pettineo. Desde mediados del dieciocho el palacio consta como propiedad de Vincenzo Termine, conde de Isnello y príncipe de Baucina, que encargó la ampliación a un arquitecto que ha quedado en el anonimato: la construcción englobó seis casas medievales preexistentes, de las que quedan huellas, y se completó en 1750. La fachada del Cassaro es posbarroca y anticipa ya el neoclasicismo, en tres órdenes, con la planta noble atravesada por un único balcón corrido de siete huecos, frontones triangulares y curvos y las buhardillas encima. La portada se abría entre dos columnas toscanas monolíticas de mármol africano, bajo un arquitrabe con triglifos, hojas de acanto y mascarones leoninos.
En la planta noble están los frescos de Vito d'Anna y Francesco Sozzi, y entre ellos la Apoteosis de Palermo, obra maestra del rococó siciliano y una de las ocho representaciones históricas del Genio de Palermo. En el siglo diecinueve vivió aquí el historiador y arabista Michele Amari, hasta que en 1843 las ideas autonomistas expresadas en su ensayo sobre la guerra de las Vísperas lo hicieron indeseable para el gobierno borbónico y tuvo que exiliarse en Francia. Luego, desde 1929, los nuevos propietarios rehicieron el edificio a su manera. Los bombardeos de la guerra lo dañaron, un terremoto de principios de los años dos mil obligó a obras de consolidación, y en el frente de via Isnello hay una lápida que recuerda a Amari.
La visita
El palacio está entre el Cassaro y piazza Borsa, en el borde norte de la Kalsa. Es un edificio privado, repartido entre varios propietarios, y no se visita libremente: las fachadas se miran desde la calle. Un cuarto de hora, desde fuera.
El consejo de la redacción
Póngase en el Cassaro y busque las dos columnas de mármol africano en el centro de la fachada. Luego mire qué hay ahora entre ellas: un escaparate. Aquello era el portón. El palacio conserva su cara, con el arquitrabe, los acantos y los mascarones en su sitio, pero la puerta ya no se abre, y desde hace un siglo se entra por donde tenían los caballos.
