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⛪ Iglesias y santuarios

basilica di Santa Croce

📍 Firenze, Toscana · 85/100

Una de las mayores iglesias franciscanas jamás construidas y una de las cimas del gótico italiano se fundó el 3 de mayo de 1294 —el cronista Giovanni Villani registró la ceremonia— según un proyecto atribuido a Arnolfo di Cambio y a costa del pueblo florentino. Utilizable ya en 1320 y terminada quizá hacia 1385, no se consagró hasta la Epifanía de 1443, por el cardenal Besarión y en presencia del papa Eugenio IV.

Ugo Foscolo, en los Sepolcri, la convirtió en el templo de las urnas de los fuertes, y el siglo diecinueve la transformó en el panteón de las glorias italianas: aquí reposan Miguel Ángel, Maquiavelo y Galileo, a los que se sumaron el propio Foscolo en 1871 y Gioachino Rossini en 1887. A Dante le tocó en cambio un cenotafio monumental: Rávena, donde el poeta murió en el exilio, nunca ha devuelto sus restos.

Qué ver

Las tumbas a lo largo de las naves son el motivo por el que muchos llegan hasta aquí, pero la basílica es también un compendio del arte florentino: los altares de piedra diseñados por Vasari tras la transformación contrarreformista que quiso Cosimo I en 1566 y, junto a la iglesia, la renacentista Capilla Pazzi. En el refectorio del convento se conserva el San Luis de Tolosa, la estatua de bronce dorado de Donatello que durante siglos fue la única decoración de la vieja fachada, que quedó inacabada.

La visita

La fachada de mármoles blancos y verdes que hoy cierra la plaza de Santa Croce es del siglo diecinueve: Niccolò Matas la proyectó desde 1837 y la levantó entre 1853 y 1863, mirando a las catedrales de Siena y Orvieto. Durante seis siglos la iglesia había quedado en piedra desnuda, después de que los frailes rechazaran la financiación de la familia Quaratesi, que exigía su escudo en el centro del frente. La riada de 1966 golpeó con dureza el complejo, que se alza en la parte más baja de la ciudad, y dañó gravemente el Crucifijo de Cimabue, convertido en el símbolo de las pérdidas artísticas de aquel año.

El consejo de la redacción

Reserva tiempo para los claustros y el convento, donde el flujo de visitantes se aclara y te espera el Donatello del refectorio. Y al leer las lápidas recuerda un número: Santa Croce llegó a albergar quince mil sepulturas, y cada solicitud la examinaba una comisión y la aprobaba el gran duque en persona. La fachada de Matas da lo mejor de sí con la luz de la última hora de la tarde.

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