El patrón de Citerna es san Miguel Arcángel, festejado el 8 de mayo. La iglesia parroquial a él dedicada, de aspecto dieciochesco, conserva en el transepto derecho la Crucifixión de Niccolò Circignani, de 1570, y en la segunda capilla de la izquierda dos notables obras escultóricas: una estatua de terracota de una Virgen con el Niño atribuida a Luca della Robbia el Joven, y un relieve, también de terracota vidriada, con una Virgen con el Niño atribuida en cambio a Andrea della Robbia.
En el siglo XIV el pueblo estuvo sometido alternativamente a los Tarlati di Pietramala y a los Malatesta, para ser luego incorporado a los Estados Pontificios en 1463. La iglesia de San Francesco es la más rica en obras de arte del pueblo: en ella destaca la Virgen con el Niño en terracota de Donatello, redescubierta a principios de los años 2000, junto con la Virgen con el Niño y Santos iniciada por Luca Signorelli y terminada tras su muerte por el Papacello, el Cristo en gloria de Raffaellino del Colle y la grandiosa Deposición del propio Niccolò Circignani.