De esta ruina viene un apellido que en el Valle de Aosta se lee por todas partes. En 1200 el conde Tomás I de Saboya dio al vizconde de Aosta, Bosone, el feudo de Villa-Challand con permiso para construir allí un castillo; desde ese momento Bosone y sus descendientes empezaron a llamarse di Challant, y se convirtieron en la familia más poderosa del valle.
Qué ver
Al principio era un castillo primitivo: una torre rectangular de pocos metros de lado, cerrada por una muralla. Luego llegó Ebalo I, llamado Ebalo el Grande, que hizo de él su residencia preferida: alargó los muros al norte y al sur unos treinta metros, agrandó el patio y en la zona nueva, al este, añadió una capilla y otro edificio rectangular.
El castillo está en una colina sobre el pueblo, en el val d'Ayas, no lejos de Verrès, en una posición que servía para controlar la carretera que sube el valle. Cuando el arquitecto Alfredo D'Andrade lo visitó en 1885, en la capilla había todavía restos de frescos, algunos pintados con cuidado: hoy quedan solo unos pocos fragmentos.
La visita
Se sube a pie desde Challand-Saint-Victor por un sendero; es una ruina al aire libre, sin entrada y sin horarios, y hay que afrontarla con calzado adecuado y prudencia entre las fábricas. Hora y media entre subida y bajada.
El consejo de la redacción
Camine junto a los muros y busque el punto donde cambian. Un castillo en ruinas tiene una ventaja sobre uno restaurado: las juntas están a la vista, y se ve dónde acaba el recinto pequeño del siglo trece y dónde empieza el alargamiento que quiso Ebalo. Es lo que ninguna reconstrucción le dejaría leer.
