El 8 de junio de 1839 el espolón de roca sobre el que se apoyaba el estribo derecho se desplomó, quizá por un terremoto, y arrastró consigo el arco central. Hasta ese día el puente romano sobre el Cillian había funcionado sin interrupción: una de las obras de ingeniería más notables de la via delle Gallie, que salvaba la garganta del torrente con un solo arco de medio punto.
Qué ver
Quedan el arranque del arco, el estribo de levante y una arquería ciega: suficiente para leer cómo estaba hecho. El puente superaba los 49 metros de longitud y llevaba una calzada de 4,64 metros de ancho, protegida del viento por pretiles altos e iluminada por pequeñas ventanas rectangulares; el arco principal tenía una luz de 9,71 metros y sus estribos se apoyaban directamente en la roca de la garganta. A los lados, dos tramos simétricos dispuestos en ángulo obtuso enlazaban el puente con la carretera, con arquerías ciegas cubiertas de ladrillo y, aguas abajo, contrafuertes de refuerzo. En el paramento alternan losas de piedra y esquirlas, sobre todo verdes.
La visita
El segundo derrumbe llegó en 1907, cuando cedió el arco de poniente por las filtraciones de agua; en 1939 una amplia restauración consolidó lo que quedaba. Se llega desde el centro de Saint-Vincent, no lejos de la iglesia parroquial.
El consejo de la redacción
Es una ruina, no un puente: quien espere cruzarlo se llevará un chasco. Merece la pena el desvío, en cambio, para entender cuánto trabajo hacía falta para pasar una vía consular por una garganta así.
