El valle se llama Valsainte, valle santo, y el paraje Saint-Éméric: los dos nombres vienen de aquí. Emerico, hijo de Giacomo II, terminados los estudios de teología en Turín dejó la vida mundana y se retiró a este lugar apartado poco más arriba del castillo de Quart; después fue obispo de Aosta y tras su muerte lo proclamaron beato.
Qué ver
La ermita está a 1.150 metros y se reduce a una capilla pequeña revestida de piedra, con tejado a dos aguas. Dentro hay un altar de piedra rematado por una cruz de madera y una estatua del beato. No lejos, la leyenda señala una roca en la que habrían quedado las marcas de sus rodillas, dejadas mientras rezaba.
La visita
Se sube a pie desde el castillo de Quart por el sendero panorámico, con paneles sobre flora, fauna, geología y hallazgos prehistóricos; junto a la ermita hay un prado preparado para el picnic. El lugar sigue siendo meta de peregrinaciones.
El consejo de la redacción
No hay nada que ver en sentido estricto: es una capilla mínima en medio de un prado. El sentido está en la subida y en el silencio que se encuentra al llegar, y llevarse la comida para quedarse es lo más razonable.
