La iglesia de los Gesuati no es de los Gesuati: aquella orden se había disuelto en 1668, y cuando los dominicos empezaron en 1724 a construir aquí su templo nuevo, la ciudad siguió llamando al sitio por costumbre con el nombre viejo. Así se quedó. La iglesia mira a las Zattere y al canal de la Giudecca, y la pagó Venecia entera, gremio a gremio y cofradía a cofradía, en un siglo en que la República ya no tenía flotas pero todavía tenía a Tiepolo.
Qué ver
El techo es la razón para entrar: Giambattista Tiepolo lo pintó a finales de los años treinta del siglo dieciocho con tres grandes recuadros sobre la institución del Rosario, y los construyó como si el tejado estuviera abierto, con escaleras, balaustradas y personajes asomados al vacío. Desde el punto adecuado el engaño sigue funcionando: la nave parece continuar hacia arriba otros diez metros de aire.
En el primer altar de la derecha hay otro lienzo de Tiepolo, la Virgen con tres santas dominicas; en el tercero, los tres santos de Giambattista Piazzetta, pintados en una penumbra que es el contrario exacto del techo. A la izquierda están una Crucifixión de Tintoretto, llegada aquí desde otra iglesia, y un retablo de Sebastiano Ricci. La arquitectura es de Giorgio Massari, clara y ordenada, con las estatuas de las Virtudes adosadas a los pilares: un interior blanco hecho a propósito para que todo el color quedara arriba.
La visita
La iglesia está en las Zattere, en Dorsoduro, con la parada del vaporetto delante y a diez minutos a pie de las Gallerie dell'Accademia; pertenece al circuito Chorus, con entrada suelta o conjunta, cerrada el domingo por la mañana. Media hora. Poco más allá, en el mismo muelle, está la iglesita de la Visitazione, la que los Gesuati construyeron de verdad.
El consejo de la redacción
Siéntese en el centro de la nave, a la altura del tercer altar, y quédese quieto unos minutos con la cabeza hacia atrás: desde ahí las arquitecturas pintadas por Tiepolo se enderezan y las figuras dejan de estar torcidas. Salga luego y cruce el muelle: el sol de la tarde llega del canal de la Giudecca e ilumina la fachada blanca, que por la mañana queda en sombra.
