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⛪ Iglesias y santuarios

chiesa di San Francesco della Vigna

📍 Venezia, Véneto · 63/100

Aquí, donde hoy hay un campo ancho y vacío al fondo de Castello, estaban los viñedos más grandes de Venecia, los de la familia Ziani; y según la leyenda fue en este punto donde san Marcos se resguardó de una tempestad y un ángel lo saludó con las palabras que iban a ser el lema de la República. La iglesia que se ve hoy es de 1534, diseñada por Jacopo Sansovino para los franciscanos, y tiene una particularidad que casi ningún otro edificio del Renacimiento comparte: se construyó siguiendo un memorial escrito sobre las proporciones, todas fundadas en el número tres.

Qué ver

El escrito era del fraile Francesco Zorzi, filósofo y músico, y fijaba las medidas de la nave, de las capillas y de la altura como si fueran acordes: al entrar se nota que las proporciones sostienen, sin que uno pueda decir por qué. Treinta años después, cuando faltaba todavía la fachada, el encargo pasó a Andrea Palladio, que hizo con ella una de sus obras mayores, con el gran orden de semicolumnas y dos medios frontones a los lados. Sansovino dentro, Palladio fuera: dos arquitectos distintos en un solo edificio, y por eso el rodeo vale la pena.

Dentro, la Cappella Santa guarda una Virgen con el Niño y santos de Giovanni Bellini, y en el crucero derecho está la Virgen entronizada de Antonio da Negroponte, una tabla del siglo quince que es un jardín: pájaros, frutas, flores e incluso un caracol, pintados uno a uno. Están además los relieves de mármol de la capilla Giustiniani, la sepultura del dux Andrea Gritti, que en 1534 puso la primera piedra, y los dos claustros del convento, donde los frailes siguen viviendo.

La visita

El campo está en el sestiere de Castello, a diez minutos a pie de las Fondamente Nove o del Arsenal, fuera de cualquier recorrido turístico: se llega solo y se sale solo. Entrada libre, cierre a mediodía y durante los oficios; para encender las luces de las capillas hacen falta unas monedas. Tres cuartos de hora. El campanario está entre los más altos de la ciudad.

El consejo de la redacción

Pida al sacristán que abra la Cappella Santa, porque el Bellini no se ve desde la nave. Párese luego con calma ante la tabla de Negroponte: bajo el trono hay un entramado de ramas, jilgueros y granadas que nadie más en Venecia pintó nunca así, y el caracol de abajo lleva quinientos años esperando que alguien lo note.

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