«En Matera los muertos están por encima de los vivos», anotaba el cronista Verricelli en su crónica de 1595: en los Sassi se vivía bajo tierra y se enterraba en la superficie, sobre los tejados, que hacían de cementerio, era y huerto a la vez. Sasso Barisano y Sasso Caveoso son dos barrios excavados en la caliza de la Murgia a ambos lados del espolón de la Civita, y el nombre no viene de las casas: aquí «sasso» significa barrio de piedra, y el primer documento que lo usa así es de 1204. Habitados sin interrupción desde la prehistoria hasta el desalojo de los años cincuenta, son patrimonio de la humanidad de la UNESCO desde 1993.
Qué ver
El Caveoso mira al sur, hacia Montescaglioso, y se escalona como la cávea de un teatro; el Barisano, orientado al noroeste sobre el viejo camino de Bari, alinea portadas talladas y frisos que tapan cuevas mucho más antiguas que las fachadas. Entre ambos se alza la Civita con su catedral románica. Las iglesias rupestres piden algo más que un vistazo: Santa Maria de Idris encajada en la peña, Santa Lucia alle Malve con los frescos de sus benedictinas, el Convicinio di Sant'Antonio y sus cuatro criptas, San Pietro Barisano vaciado casi por entero detrás de una fachada de fábrica.
Bajo la piazza Vittorio Veneto se baja al Palombaro lungo, una cisterna del siglo XIX tan honda como un edificio, excavada y revocada para recoger el agua de lluvia: la pieza más vistosa de un sistema hidráulico hecho de canales de recogida y cisternas de goteo, hasta siete en una sola casa. Las casas cueva visitables siguen amuebladas como antes del desalojo, con la cama alta, el establo dentro y la temperatura clavada en quince grados todo el año. En el Palazzo Pomarici, sobre la Civita, el MUSMA expone escultura contemporánea en los hipogeos. Sobre estas piedras rodó Pasolini Il Vangelo secondo Matteo en 1964, y James Bond lanzó su Aston Martin en No Time to Die en 2021.
La visita
Se llega en tren con las Ferrovie Appulo Lucane desde Bari, o en coche por la nacional; el casco antiguo es peatonal y el vehículo se deja arriba, en el Piano. Luego toca bajar, porque los Sassi son escaleras, y quien tenga las rodillas delicadas debe saberlo antes. Dos días dan para una visita seria; uno basta para catar los dos barrios y una casa cueva. Las iglesias rupestres tienen entrada conjunta y horarios recortados en invierno; el calzado cerrado hace falta de verdad, porque la caliza pulida resbala.
El consejo de la redacción
Vayamos a ver los Sassi desde el otro lado del cañón, en la Murgia, donde las iglesias rupestres se reparten entre los pastos y la ciudad queda enfrente como un anfiteatro: desde allí se entiende el encaje de casas, cisternas y tejados que por dentro se escapa. Y esperemos al anochecer: cuando se encienden las luces, los Sassi vuelven a ser aquel cielo estrellado visto desde arriba que asombraba a los viajeros hace cuatro siglos. Al mirador de Murgia Timone se llega en coche o a pie desde el puente sobre la Gravina, en una hora de camino.





