La patrona de Barile es la Virgen de Constantinopla, festejada el martes después de Pentecostés. Según la tradición se apareció en sueños a un campesino, mostrándole el lugar donde, cavando, encontraría su imagen pintada en la toba: allí se alza hoy la iglesia dedicada a ella, probablemente construida a mediados del siglo XVII, que conserva un fresco bizantino del siglo XIV. También en la iglesia madre hay una pintura bizantina del siglo XV con Nuestra Señora de Constantinopla y un lienzo del siglo XVII de la Virgen atravesada por siete puñales.
El Viernes Santo, en cambio, se escenifica la representación de la Pasión, rica en oro al estilo bizantino: oro sobre las cruces, sobre los vestidos blancos de las tres Marías, en los dedos de los sacerdotes del Sanedrín. Pero sobre todo oro sobre la gitana, el personaje que según la tradición popular compró los clavos para la crucifixión: desde Navidad, la joven de Barile que la interpreta reúne el oro de las familias del pueblo, hasta construirse un corpiño riquísimo con unos diez kilos de joyas antiguas, y desfila riendo y contoneándose ante el Ecce Homo ensangrentado, repartiendo garbanzos y peladillas sacados de una cesta roja donde están también los clavos. Junto a ella camina el Moro, símbolo del mal: son los únicos dos personajes que se mueven por la procesión con indiferencia, casi alegría, en medio del luto general.



